Encadenados

Sin título

Y fue que aquí
terminamos
encadenados
en un beso,
enmudeciendo
el fragor
de estas batallas
nuestras
que gritan
calladamente
sobre el silencio
de estos muros.

Nadie fue
imputado
por ese beso,
ni nadie será
culpable
de este tenue
roce de nuestros
labios,
fundiéndose
sutilmente
entre barrotes
y pasillos,
en los calabozos
donde se prueba
la fortaleza
que escriben
nuestras miradas.

Quizás nadie
pericie nuestros
labios,
ni prueben
la sinceridad
que emergió
de un beso
tan profundo
como la verdad
que esquiva
comienza
a florecer
en toda
esta aridez,
detentando
un tercio de
justicia,
otro de inocencia
y un largo
trecho
para la
absolución
que nació
encadenada
a un beso,
encadenados
los dos.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012
Escrito en un calabozo.

@cifuenteslucic

Fotografía: “Tensión”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Libre de derechos.

Nien

Mi piel
nunca
recuperó
la sacudida
la quemadura
de tu boca
exigente
esa turbación
pretérita
de sentirme
poseído
en el derrame
de tus gemidos
esos que musitaban
la innegable
persuasión
de tu rostro
ajándose bellísimo
en el brillo
de mis ojos
versión penitente
de una máscara
pintada de amor
volcándose
de ausencia
tornándose
de vida
borrándose
de colores
arándose
de sueños
como la negación
perturbadora
de aquellas
apetencias
de tu alma mía
que mueren
con fatal
ahogo
en el desasosiego
escondido
de una colmena
de melancolía.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

@Cifuenteslucic

La persistencia de la ignorancia

Adriana Reid

1

Tuve una cierta
idea de todo,
de todos,
escondida en el demiúrgico
camuflaje
de la poesía sideral:
pretendí ser capitán
de un corazón indeleble
y no fui más
que una pálida ilusión
en el delirio
insensible
y huidizo de un amor
tan risueño y mordaz,
invisible
en el límite impreciso
de mi capitanía,
ingenua corazonada
de una honesta imaginación
amparada
en un recuerdo
inquieto
y en la perversa
contradicción
que es inhalar
el futuro
como si fuese una poderosa
e inmaculada
certeza.

2

Qué desvarío produjo
tal desalojo
del enjambre
de sus besos,
quebrando de plano
los avíos
de mi fortaleza,
el dolor
y la desolación
de persistir
en la ignorancia
de un naufragio
inevitable,
seducido
por la tradición
almenada
de deshonrar
la promesa
inalcanzable
de su nombre
durmiendo
en el regazo
confidente
de mis alas
encadenadas,
su nombre inscrito
en las vértebras
imposibles
de mi alma.

3

Solemne indecisión
aquella de transmutar
en la alternancia
de dos mundos,
en los que el universo
dividió mi corazón:
su eterno corazón
triste
y estas palabras
que insisten
en ignorar,
en aceptar
el inmerecido destino
de tanto amor
desatado
en una sola vida.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

@CifuentesLucic

Fotografía: “Desde Arriba” – Original de Adriana Reid (México). Usado con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.

Rezzus

Adriana Reid

Terminé convirtiéndome
en uno
de mis amaneceres
más extraños,
en un cielo
de herrumbre e invierno,
en una bruma sigilosa que congela,
en un abrazo de ti
que no puedo imaginar
cuando despierto.

Las sinuosas arenas
no pudieron antes
y no podrán después,
jamás,
contra mi corazón,
que vino a perderse
aquí tan lejos,
sobrecogiendo de olvido
tantos rincones,
todas las estaciones.

Hay algo extraño
en este
árido paraje
que me rescata la vida,
quitándomela,
que me borra de la piel
una pléyade incierta
de amores
agrietados
en una ocre panoplia,
en una dócil
broma de la memoria:
aquellos que vinieron
y se fueron con el sol
amoratando de incordio,
la mirada
que me queda
pendiente de ti.

Quedo convertido
en una estrella
vigilante de tu alma,
en un desnudo
momento de sosiego
acurrucado
en tus pupilas marrones,
llegando hasta tus labios
núbiles
con palabras que te pertenecían
más que a mí mismo,
incluso antes que el tiempo,
díscolo,
pudiera concebirlas.

Mimetizado en amanecer,
parpadeo inquieto
petrificado
en un perfecto amor de arena,
mimado
desterrado
decepcionado
infértil
en un paisaje de estrellas
y miradas,
idolatrado
perdido
amado
aquí me quedo:
en tu amanecer de cándido
oropel
que no recuerdo
haber olvidado.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

@Cifuenteslucic

Fotografía: “Troya en Galerías” – Original de Adriana Reid (México). Usado con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.

El plexo del abandono

A la ribera de ti

Qué es lo debido,
a firme,
resuelto
que ahuyenta
el profundo abandono,
que embarga de filosas
tristezas,
que habla de soledades
encubiertas
y de vuelos atrapados
en mareas y zozobras,
ennegrecidos como la luz
en una mazmorra
diluida por la desaparición
y la ausencia,
como el hierro congelando
el aliento en la ventisca,
como una perdida que se hace latente
y mentirosa,
como una noche en la que reina
el olvido
y la cruel cicatriz
de sí misma.

En este debido proceso,
el corazón palidece de piedra:
no se acoraza o se acobarda,
simplemente se extingue,
se agota,
al igual que las crudas palabras
que yacen como desperdicio
en los laberintos
que la arena
va agrietando en la memoria
estéril
del desierto
y el tiempo,
como un desliz inveterado,
total.

El corazón
ya no grita
ni el grito
alienta el alma,
traduciendo el ancho silencio
que deja el abandono
en las viejas costumbres
que reflejan
la ausencia de abrazos,
de roces,
de mensajes embotellados,
de lejanas estampillas,
de letras dulces,
de códigos secretos,
de semblantes y caretas,
de tantos objetos
que parecen perennes,
allí siempre,
y que hoy yacen pueriles
y débiles,
inútiles
para el simple entendimiento,
sin comprensión para el que escribe,
sin remordimientos para el que lee.

Me pregunto qué queda
de las brisas,
del cálido viento
que dormía en tus sueños
de ayer
o de aquellas gotas de rocío
pendiendo sonrientes
de tu mirada.
Me pregunto qué queda
de tantas cosas
que alguna vez fueron promesas
labradas a fuego
o gestos suspendidos
en los hombros
o besos profundos
en los labios
o susurros de almíbar
en el vientre
y que hoy son claro vacío
que se vaporiza de la amargura
que tiñe de agonía
la desilusión del día,
la desolación del crepúsculo.

Te olvidas de los muertos
y que más puedes exigir
de aquellos
que en vida,
dejaron de existir
entre condenas
y alegatos de inocencia,
de balada compasión
y muda indiferencia,
y la carga de los huesos
haciendo frente
a la niebla del destino.

Heme aquí
en el lugar impropio
donde el dilema moral
destierra el corazón,
y el amor que fue convicción
de todo
se trastoca en un debido
abandono,
que termina
enloquecido,
fracturado
en el tránsito marchito
que seca incluso esta tinta,
que ya no habla más,
ni siquiera de estrellas
o de tormentos,
que no suspira
por caracolas
o clarividencias,
por más que oprima
el desaliento
de mi pecho,
expulsándolo.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

Collage: “A la ribera de ti”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Libre de derechos.

La confusión de la despedida

¿Hace cuánto tiempo
no te detienes
en el aroma de una naranja
que se abre en tus dedos?
Dime a qué huele.
O te fijas en el recorrido
del reloj,
absorta de la vorágine del mundo,
simplemente escuchando
el bello sonido que palpita
en tu corazón,
sin más interrupción
que el silencio.
Dime qué se siente.

Dime de qué se trataría
todo esto
que intentamos explicar
como existencia,
si no fuese por el ovillo
tejido
entre tu alma y la mía,
como un puente
tendido
en la constelación
diaria e invisible
que ofrendamos
de palabras y belleza,
con la persistencia
que concluye
en un nudo de conversaciones
inacabadas,
como si una puerta
hubiese sido abierta
entre las distancias
y las imposibilidades.

Dime qué es amar
cuando así has amado,
dime qué es la soledad
al despertar en un abrazo,
dime qué textura
tiene la libertad
si no has sacrificado
un instante por ella,
dime qué es robar
un beso cálido
en la confusión de la despedida,
cuando ni siquiera
te has percatado
hacia que otros abrazos
se encaminan tus pasos.

Me pregunto qué puedes
amar de mí,
si todo lo que soy
se reduce a un cuadrado
encerrado en el desierto,
a una tristeza entera
dando tumbos
en la luna,
a una esperanza
entumida de sol
que zozobra entre nubes
sin lluvia,
a la apelación
que sustituye
la posibilidad de una vida
por otra,
de la añoranza del sueño
perdido,
de la realidad
que se avecina
en su soplo visitante,
en la brisa que viene
desde lejos,
disfrazada de ti,
inspirada en mí.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

@CifuentesLucic

Fotografía: “Copas”. Original de Claris Trigueros (Caracas, Venezuela). Usado con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.

Hablar así

Reverso de mi alma

No busco motivos
en el viento
para disipar
lo que mi corazón
oscurece,
en el reverso
de mi alma,
en aquel lugar
en el que escondo
todo aquello de ti
que jamás verá la luz.

Precisa condena
esta actitud
que no desaparece
ni con el tiempo
ni las promesas
y que es la redención
de tu mirada,
el claroscuro perfecto
de tus ojos,
alojando con certidumbre
en cada esquina
de esta historia borrada
y escrita
tantas veces al oído.

No basta que desaparezcas
con la noche
si es esa misma alborada negada
en cada lágrima entristecida,
la que me recuerda tu rostro
sonriéndome
en los sitios queridos
que caminé contigo antes
de desvanecerme
frente a tu presencia
diluida en las copas
de los árboles,
creyendo ingenuamente
que lo hacia por mí,
cuando la verdad es
que tú siempre
elegiste huir.

Mientras escribo alborotando
esta soledad,
recuerdo cada una
de tus palabras
y no puedo convencerme
que hayamos elegido
lo más fácil,
espaciar el mundo inoportuno
entre nosotros
y someternos a la distancia
de los murmullos,
de la incertidumbre,
de la negación.

Concluyo por desandar
cada decisión
que no es mía,
y mi sorpresa se hace
tuya
al sentirte
incomprendida,
desolada,
abandonada al desencanto,
porque apenas tengo voz
para decir
que todo nos une
en un murmullo
que guarda sigiloso
un último susurro.

Quisiera hablarle
así a una mujer
y ascender por ella
con una convicción singular,
que mis manos podrán asir
su historia
y mi horizonte,
que podré abrazar
su alma inquieta
y dormida
e inspirarla
para que su beso
me libere:
pueda yo vivir
hasta que el vuelo
de la muerte
restituya nuestros espíritus
con las estrellas
allá
en el cielo eterno.

Quisiera hablarle así
a una mujer,
por una vez,
y escuchar su respuesta
haciendo
eco en mí,
como poderosa constatación
que la vida se rige
por algo más
que el tiempo
y la esperanza.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

@CifuentesLucic

Collage: “Reverso de mi alma”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Libre de derechos.

El viraje de los vientos

Nada más que
un amor egoísta
para escribir
su nombre
borrando el mío.

Nada más que
un amor precioso
para esconder dentro de sí,
esas ansias de poseer mi alma
sin más consuelo
que perderlo todo,
y darle un sentido
a este corazón atormentado
por el viraje de los vientos.

Te dejo mis sueños,
mi nostalgia moribunda,
y de herencia las palabras
breves e infinitas
con las que olvidé
que el amor es triste
como tan hermoso su calvario;
que el amor es tuyo,
siempre,
como mío es el pesar
y la resignación,
la excelsa vanagloria
el corazón y su lastre
de culpas eternas,
todo lo que insulta
la razón,
juzgándolo,
perdonándolo.

Resulta que sin luna
en el desierto
no hay poesía
ni esperanza alguna,
y resulta que sin mi
pudiste volver
a la libertad
de tu claustro,
como si mi ausencia
fuese una condición
para el olvido.

Sin mi
no hay nada más
que el viraje
de los vientos,
desbocado,
pretérito
en un planeta moribundo,
mudo y alzado,
y el horizonte prometido
no es más
que la excusa inclemente
para despojarnos
de la brújula del alma,
la señal de la libertad,
y quedarnos taciturnos
en la deriva
del atardecer,
mustios, inmóviles
como un óbice de nubes
que trasciende el cielo,
cuando inicia el caminar
de las estrellas.

Te prometo,
mi querida ilusión,
que mientras aprecie
este viento
que hoy susurra
tantas despedidas,
aquí me dormiré
con tu nombre escondido
en el secreto juego
que florecerá
en mi epitafio:
sólo el viento.
Y tú,
cuando todo cambie,
cuando termine.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

@cifuenteslucic

Fotografía: “Luna inventada”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Todos los derechos reservados ©.

Después del laberinto


He decretado
irme de aquí.
Volver a tus brazos.
Renunciar a todo
lo aprendido en esta vida,
centrarme en la paz interior
que he logrado
sentir en mi camino
hacia la libertad,
el periplo desde la oscuridad
hacia la luz
iniciado para no retornar
jamás
al punto de partida
de este injusto viaje.

Quiero mirar
tus ojos,
desnudar tu mirada
con la lentitud milimétrica
del aleteo persistente
de un colibrí,
pulsando el universo
con esa atrevida entrega
que provocan en ti
mis besos olvidados,
los que sonrojan tu rostro
con ese tonto amor
desatado hasta encandilar
la efímera comprensión
de que nada importa
en esta tierra,
en esta vida,
si al menos
algo de mi queda
para contar
esta historia
de desolación
y desespero.

Después del laberinto,
dejaré de escribir
sobre ti
y quemaré todas las palabras
en una hoguera visible
para el olvido.
Después del laberinto,
me quedaré por siempre
atrapado
entre el sol
y la luna,
como suspendido
en la sorpresa
de no estar aquí.

No será fácil
cruzar esa puerta.

Pero se abrirá.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

@CifuentesLucic

Fotografía: “Fuga en LA”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Todos los derechos reservados ©.

La oración

Porque tú eres perfecto, Dios, y yo soy tan imperfecto, sentenció la voz, quebrando así el silencio del crepúsculo que teñía de oscuridad el aislamiento, y dejando un dolor vivo en los corazones de aquellas almas perdidas y aprisionadas entre estos muros de piedra muerta. Después, el llanto. Una desgarradora sucesión de sollozos y quejidos que se hicieron finalmente silencio, agrietando el propio rigor del silencio. La oscuridad de esa atmósfera asfixiante vulneró la última oposición que la razón puede batallar a la soledad y a la sensación más imperativa que es, abandonar en el capitanear, nuestro propio rumbo del espíritu. Quizás los sollozos se hicieron anónimos en los individuos y sus celdas, pero nadie escuchó nada, esa noche, en esos muros. Nada.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012
Memorial del 18 de noviembre de 2011. Módulo 91, Alto Hospicio.

@CifuentesLucic

Fotografía: “A ti”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Todos los derechos reservados ©.

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