Mi piel
nunca
recuperó
la sacudida
la quemadura
de tu boca
exigente
esa turbación
pretérita
de sentirme
poseído
en el derrame
de tus gemidos
esos que musitaban
la innegable
persuasión
de tu rostro
ajándose bellísimo
en el brillo
de mis ojos
versión penitente
de una máscara
pintada de amor
volcándose
de ausencia
tornándose
de vida
borrándose
de colores
arándose
de sueños
como la negación
perturbadora
de aquellas
apetencias
de tu alma mía
que mueren
con fatal
ahogo
en el desasosiego
escondido
de una colmena
de melancolía.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

@Cifuenteslucic