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Catalejo

  • Dime dónde se esconde el amor

    febrero 20th, 2018
    gran-ola-proporcion-aurea
    Escribí tanto de ti que llegué a sentir que existías.

    Revisitado.

    Dejamos ese sueño
    para convertirnos
    en otra cosa.

    Y yo escribí
    ese destino.

    Te veo pasar
    en todos los versos
    escritos en el firmamento,
    como una sensación alada
    desprovista de todo peso.

    Incluyendo el lastre de mi alma.

    Nos rehusamos a encontrarnos
    en el corazón de la oscuridad.

    Devorados por una sirena hambrienta de felicidad
    damos tumbos en la marea que derrite la piel.

    Asqueados de tanto,
    hemos de ser la ceniza de poco.

    Recuérdame mirar con ansias el mar,
    el único refugio de mi alma.

    Recuérdame el sentido de las cosas
    que, en algún lugar del tiempo,
    nos olvidaron.

    Recuérdame con mi sonrisa y descalzo;
    solo con un par de palabras nuevas.

    I

    Dime dónde se esconde el amor.

    En qué árbol florece,
    en qué mar se hace eterno.

    Dime si estás aquí
    o eres la sombra del sol.

    Miro el mar
    y olvido todo.
    Lo sabes.

    II

    Le susurro al oído.
    «Mar».

    Y despierta renacido.
    Y vuela con las alas ardientes
    de una metamorfosis,
    en una estela tutelar
    sobre las olas.

    III

    Quedamos mudos frente al mar,
    amor,
    esperando que amanezca.

    IV

    (La poesía vive en algunos bares, en noches de gatos inquietos, entre la lluvia y el mar, en los amantes que se despiden para no verse más).

    Aquí, por ejemplo:

    1

    Tengo el mar en la mirada
    y la mirada en el mar.

    2

    La tristeza de encontrar
    en el mar muerto,
    una sirena varada.

    3

    En tu mar
    solo fui el invierno
    de mi mirada.

    4

    Vino el silencio.
    Luego el olvido.

    Y después el mar
    se hizo mío.

    Infinito.

    5

    Me llevaré al mar
    todo lo escrito en mí.

    6

    Días en los que huelo a ti,
    a mar y furia.

    V

    Aunque usted me olvide
    no llenaré de cándida nostalgia
    el rubor de las estrellas
    ni arrobaré de saudades
    el horizonte precioso del mar.

    Mi último recuerdo serás tú.

    Mientras cae a pedazos el cielo
    o se desparrama el mar
    o sucumbe la tierra.

    Mi último recuerdo vivo de ti,
    serás tú.

    VI

    Me gusta el mar.
    A falta de ti.

    VII

    Solo soy un hombre enfrentado al mar.

    VIII

    1

    La noche se hace en mis manos.
    Y tu cuerpo pálido sonríe como la luna.
    Tu piel tibia florece en el mar de mi deseo.
    Y tu boca suspira en mí.

    2

    Si eres el amor de mi vida
    escríbeme un mensaje en el mar.
    Porque tengo el mar en el alma.

    3

    Cuando el otoño huele a melancolía,
    el mar es un murmullo de la fragilidad.

    4

    Yo soy la sal de tu mar.

    5

    La versión de mi alma
    habita cerca del mar.

    6

    Usted y yo
    haciendo del mar
    una vocación salada.

    7

    Porque habrías
    de decepcionarme, amor,
    si conozco tu alma.

    Y esa belleza
    solo se encuentra
    en la noche
    que cae
    en el mar de primavera.

    8

    Me abraza el sol en el mar.
    Y es como si te abrazara a ti.

    9

    Sueño con olas.
    Y con su mar.

    10

    Entre usted y el mar,
    me he ido salando
    como la brisa del amanecer.

    11

    El mar tiene esa presencia
    que se hace sangre
    aunque no puedas respirarla.

    12

    Ven a ser sol conmigo
    y que la luna no lo sepa.

    Que sea nuestra amanecida,
    con el mar de fondo floreciente.

    13

    Abracé el mar en la oscuridad
    y no estaba frío.

    14

    Después del mar,
    el vino es más dulce.

    15

    Estoy enamorado del mar.

    Desde siempre.
    No dejo escuchar
    el llamado del mar
    en mi ventana.

    Ni dejo de evocar
    tus ojos negros
    perdidos
    en el horizonte,
    como queriendo ser cielo.

    16

    Después del mar,
    el horizonte es nuestro.

    17

    No morir lejos del mar
    sería el epitafio perfecto.

    IX

    Fui un verso insuficiente en tus labios,
    una pálida representación de la luna
    durmiendo sobre el mar.

    Los ojos del cielo
    muertos
    y la luna cayendo
    en barrena
    sobre el mar
    abierto y desnudo.

    Habría sido el mar nuestro secreto.

    X

    El mar siempre te acaricia
    las vértebras del alma.

    El mar.
    Así.
    Sin más.

    Y aquí estoy jugando
    a las preguntas
    en un mar de ellas
    que se ahogan sin respuestas.

    Usted y yo
    sintiéndonos ese mar en calma
    que oculta una tormenta.

    XI

    De tanto mar,
    ya me sabe a sal
    nuestro amor.

    XII

    Unos días lejos del mar
    y ya siento el sabor
    de la arena
    en otras bocas.

    XIII

    Sé que a usted la perdí en un mar de miradas
    y en una marejada de amores.

    Mas me tendrá por siempre en las palabras
    que escribí en su pecho.

    Y no sabría prescindir de mi alma
    para ahogarme en el mar de su cuerpo.

    Y podría verter mil gotas de vida en usted
    y ver cómo crecen sus labios.

    XIV

    Ese beso me recuerda la profundidad del mar.

    1

    Sin alas ni vuelo,
    sin mar ni cielo
    la poesía nos nutre
    finalmente
    de una coraza
    para la muerte.

    2

    Demasiado tiempo en el desierto,
    demasiado tiempo en el mar,
    nunca será demasiado tiempo.

    3

    Y llegará el día en el que vendrás a bañarte en este mar del que tanto te he hablado.

    4

    Como si quisiéramos
    escribir infinito
    en la orilla del mar.

    Y sentarnos a ver
    como se va borrando
    lo que ello significa.

    5

    Nunca había abrazado el mar
    casi al caer la noche.

    Sentado en la oscuridad,
    pensé en lo mucho que te quiero.

    Me dejé llevar por tu nombre.

    6

    un verso puede serlo todo

    es la esencia del mar
    esa potencia desmedida
    capaz de procrear tormentas
    esa fortaleza ígnea
    que tiñe un cielo azul
    en el pecho

    y está ese viento
    que transforma el rocío
    en tormenta

    y está ese barco
    que hunde sus redes
    en un mar de sirenas

    y está ese olvido
    que late

    7

    Oler el mar.
    Oler a mar.
    Oler tu mar.

    8

    Huele a mar.
    En la proa de mi alma.

    9

    Huele a mar.
    Rocío salvaje.
    Espuma de sal.
    Ola de vida.

    10

    Búscame en el mar.
    En caso que no me encuentres
    en el cielo.

    11

    Ella y el mar.
    Siempre pensé
    que era así.
    Como el amor.
    Pero ella
    no era el mar
    o el amor.
    Yo siempre
    fui el mar.
    Mas no el amor
    ni su alma.

    12

    Sol. Así. Sin luna.
    Mar. Voraz. Sombra.
    Artilugio. Verso. Saeta.

    Luna. Así. Sin sol.

    13

    Esconde la soledad
    detrás de una careta de espuma.

    14

    cuando vengas
    tómate todo el tiempo
    de respirar el cielo
    de nadar en el mar
    de posar tus pies en la arena
    de caminar las noches del desierto

    15

    Sentir el mar de tu piel
    en mi piel y nadar
    en una profunda caricia.

    16

    encontrar tu mirada
    y ver en ella el brillo del mar;
    pensar en ti
    y en tu beso salado,
    en las algas de tu abrazo
    que cruzan el tímido oleaje

    17

    Si eres arena yo podría humedecerte de mar.

    18

    Si tú eres el mar,
    yo no tengo horizonte.

    19

    Nada transcurre
    más allá de la mirada
    de tus ojos.

    Ningún abrazo
    es suficiente
    si no estás.

    Si un beso
    es la profundidad del mar,
    lo eres.

    20

    Me hace sentido
    todo aquello que es capaz
    de hacer vibrar la arena
    o hacer retroceder el mar
    o levantar un viento feroz
    en el desierto.

    21

    Debajo del agua,
    el mar
    es una dimensión desconocida.

    22

    Lo que percibo
    tiene otro sabor,
    otra trayectoria de la luz,
    otra naturaleza inmensa.

    23

    Ella desnuda sirena
    de un mar embravecido.

    Bajo la luna roja
    se transforma
    en serpiente marina.

    Y con su cántico sensual
    ahoga incautos.

    24

    Mientras nadaba
    sentía tu abrazo
    en mis hombros.

    25

    Era una cadencia infinita
    tu aroma de marea indómita,
    la inmensidad de tu ser
    hecha mar.

    26

    Cuando ya no quede el mar
    ni la luna surta sus mareas,
    estarás dormida en mí
    como un tatuaje moribundo.

    27

    Podría yo escribir aquí
    aquello que realmente sangra
    en mi corazón
    sin otro nombre
    más que el del mar.

    28

    Haber dormido
    en un mar de tormentas
    y demonios de sal gruesa.

    29

    De tanto amar,
    sabor a mar.

    30

    Cuando mires al mar,
    estaré pensando en ti.

    XV

    ven a volar conmigo
    en un mar de desventajas
    con el cielo a ciegas debajo
    y un precipicio colgando
    en una cuerda
    llena de muertos de espanto

    XVI

    En la oscuridad
    del fondo del mar,
    se dibujan los rostros
    de los que no volverán.

    XVII

    ~

    Hoy estuve en tus brazos.
    Y no había fondo en el mar.

    ~

    Del mar somos
    la sal y la vida.

    ~

    Enhorabuena por aquellos
    que vuelan sobre el mar
    en un solo verso.

    ~

    Siempre camino
    por una playa solitaria;
    cuando se repleta de gente,
    prefiero zambullirme en el mar
    y nadar lejos de todo.

    ~

    Yo fui su dragón
    en un mar dormido,
    en una época en que el desierto
    era mucho más que una ilusión olvidada.

    ~

    Te regalo todos mis caprichos,
    pero déjame el mar.

    ~

    No son lágrimas de mar;
    el cielo llueve por viejas heridas.

    Y solo llueve.

    XVIII

    La sensación más exacta de la inocencia se encuentra en las llanuras del mar.

    Quizás es por eso que todos miran hacia allá.

    XIX

    Debo confesar que me he encontrado a mí mismo flotando de espaldas en el mar o sentado en la orilla viendo cómo se forman las olas.

    No es el tiempo lo que cura las heridas.

    De verdad te digo que es el mar.

    Va drenando el alma,
    escociendo las cicatrices,
    salando la furia.

    XX

    Solo a usted le beso el mar
    y el secreto de los sargazos.

    XXI

    Me recuerdas todo,
    a ella,
    a mí.

    Todo lo que puedo ser
    en este instante
    se reduce a mirar
    la lejanía del mar.

    Habré de esperar
    el vértigo de volver
    a tus brazos dormidos.

    Hablar contigo,
    de nosotros,
    es construir
    el mundo de nuevo.

    Un poco de mar,
    una poca de tierra,
    mucho de cielo,
    el sol tibio
    y la noche.

    Dejamos en el mar
    esos recuerdos claros y oscuros
    que son parte de nuestra alma.

    Los miramos alejarse
    en el horizonte,
    mientras se hunden.

    Sembramos sal
    en nuestras heridas.

    Para que supuren
    una cuota de mar.

    No me olvido
    de las almas negras
    y sus calaveradas.

    Solo que no importan.

    Abajo tengo el mar
    y mi corazón bombea impertérrito.

    El destino de sus alas
    es otro muy distinto;
    es volar,
    es amar,
    es crecer,
    es ser mar.

    XXII

    Solo el mar sabe cuánto te amé.

    Y el desierto también.
    Y el firmamento.

    Hoy el mar distinguirá la arena del cielo,
    y en cualquiera podré dibujar tu rostro.

    XXIII

    Dicen que el mar
    es la zozobra de los naufragios.

    Amanece.

    Y en el mar se esparce
    la bruma del ayer
    que quiere ser hoy.

    XXIV

    ~

    Dicen que extrañar el mar puede ser una enfermedad: la enfermedad de quienes extrañamos el mar, pues allí somos una extensión de sus mareas.

    ~

    Si decides amarme
    en cien años más,
    deja una muesca
    en la orilla del mar.

    ~

    A veces,
    el mar te salva la vida.

    ~

    Debería dejar de escribir
    en este punto
    y desaparecer en el mar.

    ~

    Podría resumir
    mis convicciones
    en un color: el rojo,
    como un amanecer.

    Y mis sueños
    los pintaría de azul,
    como mi deseo insaciable
    de mar.

    ~

    Lo mío es mirar el mar.

    ~

    Valientes los que hacen
    del mar de invierno,
    un día de verano.

    ~

    Sentarme a la sombra del mar
    y maldecir no estar en tu orilla.

    ~

    Nosotros
    y ese mar que nunca fuimos.

    ~

    Siempre puedo ver el mar
    a través de tus ojos.

    ~

    No soy más que
    espuma de mar
    en tu arena.

    XXV

    1

    Hay gente que se levanta y ve el cielo puro, respiran el aire como propio, pueden oler el mar y la ventisca, sentir el aroma de las flores.

    2

    A veces me siento
    como un simple capitán de arena,
    una acuarela deslavada de tanto mar.

    3

    Me siento en la arena
    y me embriago del sonido del mar.

    Como si eso fuera todo,
    incluso los recuerdos.

    Guardo en mi rostro
    el rocío del mar
    el roce salado del sol.

    4

    ¿Y tus besos
    en qué lugar
    se quedaron a dormir?

    5

    Ya no veo el mar,
    no hay sol.

    6

    El mar
    y esa cadencia
    que acerca
    al invierno
    que humedece
    el desierto.

    El mar
    y la exactitud
    del meridiano solar.

    7

    Me dices
    que el invierno
    está a la vuelta
    de la esquina,
    mas yo solo veo
    el mar y las nubes
    perderse en el cielo.

    8

    De vuelta al mar.
    Mañanas de mi vida.

    9

    Los náufragos
    primero sufrieron
    la deriva y la zozobra.

    Luego vino el naufragio.

    Después el olvido
    se los tragó,
    antes que el mar.

    10

    Mar adentro estabas tú.

    11

    En el tumulto del mar,
    todos somos arena.

    12

    No dueles.
    Solo eres una herida
    que supura hiel.

    El destino siempre fue otro.
    El desierto, el mar.

    Los recuerdos vienen
    y naufragan solos.

    13

    Tuve mis momentos contigo.

    Volviste a abrazar,
    fuiste parte del crepúsculo,
    dejaste que el mar volviera a ti.

    ¿Para qué odiarme entonces?

    El sortilegio de ese beso
    se perdió en el desierto,
    donde antes fue el mar.

    14

    Simplemente la olvidé;
    fue como si la luna
    hubiese eclipsado al sol.

    Simplemente despertar
    y sentir que el mar
    ya no era del todo azul.

    15

    El mar es una gota salada
    en la oscuridad de la noche.

    Una lágrima secándose
    en el rostro de la melancolía.

    Una mujer que recuerdo.

    16

    Me quedo en verano.
    Me gusta su traje.
    Me sumerjo en su abrazo.
    Me incendio en su mar.
    Me someto a su poesía.

    17

    ¿Sabe usted
    que le escribo
    cuando no me mira?

    ¿Sabe que cuando no escribo,
    me siento a mirar
    el mar embravecido
    y a pensar en usted?

    18

    Besos en ti.
    El sol en tus hombros.
    Desnudos.

    Tu mirada
    y el mar se hacen uno.

    19

    Parece que fuésemos
    una sombrilla engrapada
    a la arena.

    20

    Amanecer dentro de tu ser,
    despertar en la humedad del mar.

    21

    Hablo del mar
    porque me veo reflejado en él;
    un abismo negro flotando
    sobre mi estómago,
    un pozo sin fondo
    del que cuelgan mis pies.

    Debería encriptarme;
    esconderme en un sobre
    y tirarme dentro de un saco al mar.

    O quizás en una botella
    y mecerme eternamente en el olvido.

    22

    Nadar en el mar
    y oler el sabor
    de tu espuma.

    23

    Cien poetas en el fondo del mar,
    terminan floreciendo de azul.

    24

    Escribo mal.
    Cada día peor.

    Por ejemplo.
    Escribo tu nombre
    en la arena.
    Cada día.
    Y el mar lo borra.

    25

    Olvidarte.

    Para eso tengo el mar
    de cada mañana.
    Tus labios,
    salada inspiración
    del verbo del mar.

    26

    Ella
    ese silencio
    que niega su identidad
    de estrella y firmamento
    esa complicidad
    de haber sido mujer de arena
    y nunca haber tocado el mar.

    27

    ¿Qué estás haciendo
    disfrazada
    de mar y de arena, mujer?

    28

    Dejaré mi piel en la arena,
    secándose a la orilla del mar.

    Seré conchilla y huiro,
    rumor de las mareas,
    caracola carcomida por el viento.

    Escribiré en la arena de tu mar:

    «Un beso para tu corazón,
    un corazón para ese beso».

    29

    Le escribo al mar
    que conozco desde niño,
    le escribo a esa cadencia
    inocente
    que me permitió prometer
    que volvería a verlo.

    30

    ¿En qué mar
    te hiciste soledad,
    mujer de arena?

    ¿En cuál reloj
    dejaste tu huella herida
    los pasos invisibles
    las cuerdas rotas del violín?

    31

    Imagino tu cuerpo
    como un naufragio
    y el deseo de encallar en ti,
    nubla el mar.

    Me gustaría amarte
    con esa profundidad
    que tiene el mar;
    y con la ternura
    de una tormenta.

    Dime, amor,
    si estarás dispuesta
    a dejar atrás,
    aquella lejana mirada
    del mar interior
    que nos separa
    en dos hemisferios
    en un mismo mundo.

    Me gusta sentir
    el soy y el mar
    sobre la piel;
    una expresión hermosa
    de la libertad
    de abrir los sentidos
    a la naturaleza salvaje
    que queda.

    Flores salitreras,
    flores del desierto,
    flores que beben la sal del mar.

    Comprender su secreta complicidad.

    32

    Los besos más dulces que te di,
    tenían ese sabor
    que deja el pasar del mar
    por el ojo de una aguja.

    La poesía me dio todo lo que necesito:
    un cuadernillo lleno de palabras,
    el desierto profundo disputándole palmos
    al mar y a las estrellas.

    XXVI

    Acaso le sonríe el mar al desierto
    cuando todo se nubla en un espejismo.

    Por todo silencio,
    invocaré la arena roja que la tarde
    se lleva de nuevo hacia el desierto.

    XXVII

    La noche devora al mar
    y se hacen un solo recuerdo.

    Escribo en el cielo,
    los trazos inconclusos
    que van quedando ahogados
    en la orilla de un mar incierto.

    Los versos esquivos
    los escribió
    una mujer de arena
    que ahora yace dormida
    en el mar.

    Ha muerto;
    y su dolor
    va alejándose
    con la marea.

    XXVIII

    En un mar de deseos,
    escribo tu nombre.

    Pero no es cualquier nombre:
    es un nombre que florece
    desde las entrañas
    de esa tierra
    que somos.

    Esta noche representa
    lo que la soledad de mí
    viene diciendo:
    el firmamento y sus estrellas,
    el silencio del desierto
    en contraste al mar.

    ¿A quién le escribo
    porque de mí no hablo?

    ¿Y ese amor que se pudre
    en el mar de los sargazos,
    acaso no tenía raíces de cielo?

    ¿Lo sabes?

    XXIX

    En mi mente
    el mar parecía un suceso perdido
    en una noche mágica;
    acaso un espejismo,
    nunca dejé de mirar el horizonte
    en busca de sus ojos.

    Mientras no pueda gritarlo todo
    escupir tanta furia acumulada
    será mejor hacerme
    silencio y piedra en el desierto
    dejar que el mar se calme.

    La espuma de mi mirada
    es el mar del infierno.

    Y si de nosotros
    fuera la tierra
    el cielo también lo sería
    y el mar
    y las estrellas.

    XXX

    1

    Soy ese mar que pretendes olvidar.
    Lo harás, me olvidarás.
    Pero yo seguiré siendo lo que soy.

    2

    Me gustaría ser el sabor de tu carne,
    ese salivar dulzón que mezcla
    tu aroma de mar y la aspereza de mi arena
    en un crisol elegante y final.

    3

    Y si jugáramos con arena
    y una cubeta
    mientras se duerme
    la tarde.

    No importa el frío
    o que el mar esté agitado
    o no brillen las estrellas.

    4

    De tanto caminar desiertos
    te hiciste arena
    al dejar de ser mar.

    De tanto caminar infiernos
    te hiciste cenizas
    y extraviaste sus huellas.

    5

    Toda mi controversia
    tiene que ver con el viento,
    con el fuego, con el cielo,
    con el mar y sus marejadas,
    con la piel y con la arena.

    Prefiero ser arena oxidada
    en una playa muerta
    y olvidada por el mar,
    que no haber vivido
    con la intensidad
    y la intención destinada.

    A veces,
    la fiebre se confunde con el desierto,
    las lágrimas con el mar.

    Vivimos de esa confusión
    entre melancolía
    y su sublime diferencia.

    Puedo ser en ti,
    esa lluvia que penetre tierra adentro,
    los poros abiertos del mar.
    Y si nos fuésemos
    a vivir cerca del mar,
    en una ciudad lluviosa,
    lejos del desierto
    y de su destino de tristezas.

    6

    Ella escribe con esa profundidad
    que hace del mar
    una bocanada de ahogo,
    el puñal que inunda de esquirlas
    la tersa constelación de su pecho.

    7

    Mujer de arena
    tu fantasma me recuerda
    que el amor no muere en el mar
    ni nace en mí,
    solo parece flotar
    en una marejada de estrellas negras.

    8

    Despierto
    y siento el mar en mi cuerpo;
    mis músculos ateridos y cansados,
    la piel cobriza hecha porcelana,
    el alma salada y en vigilia.

    9

    Me fui a nadar al mar.

    Me traje el sabor de la sal.
    Dejé mi alma en la arena,
    para volver desnudo
    como un suspiro
    en las despedidas.

    10

    ¿Dónde se fue la cara de la niñez
    esa palidez quemada por el sol
    que hoy es una marca azul
    vetada en un mar de arrugas
    el carácter del alma?

    11

    Eres mi cándido cielo, amor,
    y yo ese mar inmenso
    que pretende tocarte.

    12

    Y serán besos de mar
    besos de sabor a espuma
    de olas que quieren besar
    mis labios.

    13

    Una vez me enamoré
    del cielo rojo
    y del color del mar.

    Mi único miedo fue no mirar
    tus ojos con la debida atención.

    A veces de ti,
    extraño todo.

    14

    No te enamores de ese mar
    que solo tiene profundidades para sí mismo.

    15

    Solo soy la sal
    de tus caricias de mar.

    16

    Eres esa tormenta
    que nace de un mar de palabras
    y que busca el sentido
    que yace en tu piel de arena.

    Son mis manos
    las que escriben allí.

    17

    Beso tu mar

    profundo

    mujer de arena.

    18

    Mis ojos son el mar abierto
    de tu mirada.

    19

    De rimas y sirenas
    me gusta hablar a veces,
    cuando me pierdo caminando
    por esta costa de marejadas
    que principian de mar
    y sufren de cielo.

    20

    Siempre he dicho que soy todo desierto.
    Y que tengo pies de mar.

    Por eso me emociono cuando leo palabras
    sobre la lluvia y bosques mojados.

    21

    No hace falta que despliegues tus alas;
    deja de batir la arena,
    no quieras sacudir el mar
    con el pretérito pretexto de volar
    hacia tu cielo.

    22

    No hay mar,
    sin zozobra.

    Alguna vez volveremos a ser los mismos,
    pero ya no seremos iguales.

    Miramos al mar con otros ojos,
    el cielo y sus estrellas nos acompañan.

    Y lo de nosotros
    fue como esa niebla
    que se va depositando
    sobre la arena
    y se confunde
    con el eco del mar.

    Llega la noche
    y se instala
    en nuestros corazones,
    ese sutil temor
    a que vuelva a rugir
    el dragón de arena
    que duerme en el mar.

    Si el mar es un sueño turqués,
    siempre volveré a sus aguas.

    Y si es pesadilla,
    que ese manto negro
    sea mi epitafio.

    23

    El dragón rugió feroz en esta tranquila y fresca noche de desierto y mar. Quizás restaña sus heridas agrietadas en los últimos días.

    Cota de mi cuerpo enhiesto
    en la supremacía del punto horizontal de tu placer,
    punto de referencia inequívoco del mar
    y tus profundidades.

    24

    Sabía que tu fría indiferencia
    terminaría por escupirme el rostro
    con ese sabor salobre del mar
    que quiere volverse tierra.

    25

    De tanto amar
    se me hizo desierto el corazón.

    26

    No pudo tu mar revivir
    esa promesa
    que se fue evaporando
    en aras del cielo.

    27

    Yo seré tu marejada de palabras,
    el beso que fractura la tierra
    desde el mar de tu boca.

    28

    Una furia de mar no es suficiente para borrar
    la insistencia veraz escrita en la arena.

    29

    Hoy por toda desnudez
    me quedo con tu cuerpo impregnado
    del sabor de ese mar
    que devora mis ansias
    de desierto.

    30

    Yo no soy ese que escribe cosas bellas de ti;
    debe ser mi yo de desierto que colinda con el cielo azulado
    y el atardecer violeta en el mar.

    31

    Mi amor será tu boca
    Y mi beso

    En tus brazos
    En ellos me envuelvo
    Me cubres de besos
    La lluvia te llora mi amor

    32

    Algún día caminaré por tus pasos,
    cuando el aire sea nuestro
    y el mar sea el cielo de una nueva tierra.

    33

    En un barquito de papel
    me arriesgo a navegar por el mundo,
    no le temo a las aguas,
    mi destino siempre fue el mar

    34

    Tus palabras me llegan
    como el relente del mar
    sobre mi rostro
    en una noche de tormentas,
    cuando todo ruge tan fuerte
    como mi corazón.

    35

    Le pregunté al mar si eras real
    y me respondió con ese rumor
    que desborda en marejadas.

    XXXI

    El mal hábito de las palabras hermosas
    que esconden detrás de las sombras,
    la tragedia que anida en la mirada
    y se pierde confusa en el mar.
    Un abrazo.
    Un solo cuerpo.

    Un estrecho
    un mar de tormentas
    un solo cielo
    dos nombres
    una tierra
    un destino
    un devenir.

    Quizás el mar lo borre,
    pero sus letras perdurarán en mí.

    XXXII

    Te imagino dueña de mi mar.

    XXXIII

    Todos los suspiros se los lleva el mar;
    siempre llega el día del olvido
    y tendemos a transitar sin ocupación
    en el destino

    Es ese mar que susurra
    en las costas
    de mi silencio,
    el que desnuda cada palabra
    que vuela libre
    entre el cielo y el infierno

    El vino tiene esa profundidad
    de un mar de corales coloridos.

    Después de tanto desierto, no existe mayor consuelo que el abrazo del mar.

    XXXIV

    Nadar a medianoche en el mar
    y amanecer arropado en la arena
    de tu cuerpo,
    como presagio
    de los días que vendrán
    cuando te encuentre.

    XXXV

    El mar me sala, la arena me acaricia, el viento me seca, el sol me tiñe, la costa me envuelve.

    XXXVI

    Guardo tu aroma entre mis dedos
    como una ventisca que nutre
    de poesía, sal y perlas,
    el aciago destino del mar interior
    de mi tristeza.

    Déjame ser el páramo silente
    que extienda de sombras
    tu cuerpo
    déjame ser la pértiga alevosa
    que devore el sabor
    de mar y miel
    de tus bocas.

    Mi beso te alcance
    como un rayo de luna
    desnudándose en un mar
    de zambullidas.

    Entre el mar y el desierto,
    eres el cielo azul
    de ese último beso.

    ¿Dónde estás ahora
    que parece que el mar se seca
    y que la sal de mis costras,
    se hace un pergamino
    que abraza mi piel,
    que se hace muerte?

    XXXVII

    La fuerza del mar hazla desierto,
    un beso prolongado hazlo eterno,
    un verso inconcluso hazlo tuyo,
    la mascarada hazla un juego irreal.

    Solo necesito el sabor agrio
    de ese último beso,
    el amargo cáliz de tu boca,
    haciéndose agua salada
    como la promesa de tu mar
    en mi vida.

    Sueño con tu voz que me dice
    llegará el tiempo de los besos,
    el instante en que el mar bese al desierto.

    Ella fue mi prisión,
    mi exilio en el desierto,
    la renuncia al mar,
    la ausencia de mis palabras.

    Ella era el mar,
    yo era el desierto,
    y nuestro destino,
    era el de la sal.

    Se ahoga en un mar de dudas,
    aquel que espera certezas
    en cada marejada.

    Sea tu voz
    el candil de color
    que ilumine el cantar
    de quienes
    deben transitar
    por el infierno
    antes de besar
    el mar

    soñé contigo.

    XXXVIII

    Al escribir asocio ciertas emociones con el mundo que observo.

    Decir, por ejemplo, la tristeza se funde en el mar agrietando de sal mi rostro.

    La certeza de tus ojos, la poesía de tu mirada, la escribí sobre la arena, como ofrenda al mar.

    Vivo en una ciudad cuyo desierto es una excusa para amar el mar.

    La tierra convertida en arena, el mar y el cielo evaporados, el fuego quemando almas, los cuerpos muertos, secos, en una gran fosa común.

    XXXIX

    Ella es cordillera lejana
    y yo mar de otro nombre.

    No busco razones en la poesía.

    Solo busco el viento.
    O el desierto.
    Y el mar.
    O tu mirada.
    Y la mía reflejada
    en tu sonrisa.

    La poesía solo es desierto
    para el poeta
    que camina buscando el mar.

    Ella habló esa noche.
    La escuché en silencio.
    El ruido del mar pareció acallarse
    mientras fluía su historia.
    Su historia que era de ella.

    XL

    No solo poetas y marineros caminan por estas calles de madera, arena, sangre y salitre. El mar pinta marejadas azules y un cielo encapotado.

    Y el mar embravecido me dice que tengo la fortaleza incólume de un desierto que florece para sorpresa de los escépticos.

    Las grietas de mi piel se pierden en el laberinto salvaje, en la calma del mar que me seduce, todo, irreal, de ti.

    XLI

    Encordado.
    Cuerda.
    Garfio.
    Destino de sal y mar.
    Vida de bote y ola.
    Pesca y sextante.
    Oxido de tierra
    y esmeralda.

    XLII

    Se siente un llamado del mar, azul y verde, cargado de pescados y mariscos estilando agua, sal y especias.

    Aquí el mar mutó en desierto y el cielo se hizo infierno. Aquí, en esta tierra de muertos.

    Cada vez que me afeito la cara, arrojo espuma de mar por los poros.

    El embrujo del mar subyace en los rumores alojados en una caracola, cuyo susurro seduce al oído cual canto de sirenas.

    El verso recoge lo que el mar nos oculta.

    En el mar, las sirenas. En tierra, las sirenas. Sus cánticos estremecen la marea y la orilla.

    Mi careta es un mascarón de proa que visto al seducir el altar de una doncella de tormenta, mar y guerra.

    Días en los que soy superado por la partitura escrita en el rumor del mar que siembra de estruendo mi rostro.

    Mientras el rocío del mar se seca en mi rostro, me dejo el recuerdo profundo de tu aroma de madera y de manzana en mi boca.

    Miro el mar esta mañana y creo entrever que allí están todas las respuestas.

    XLIII

    Dime dónde se esconde el amor.

    Pequeña metamorfosis de sal que traza tatuajes en el océano de mi alma.

    Como si fueses un mar desbocado en el canto de mi sonrisa.

    Eres esa historia que nunca terminará
    de escribir versos en mi alma.

    Y mi alma fue la historia más bella escrita
    en las letras de tu cuerpo.

    El amor se esconde allí
    cuando cierras tus ojos.

    En el mar de tu mirada.

    XLIV

    Ahogado en ese mar
    que olvida tu nombre.

    Aún quedamos los condenados
    a orillas del mar.

    Cómplices del cielo
    vimos la noche estrellarse.

    Y no supimos enrojecer
    en la deriva del desierto.

    Uso las manos
    para contener el agua
    que se hizo marejada.

    Me doy cuenta
    que no tengo más hogar
    que mis huesos
    y los músculos que sangran
    en los roqueríos.

    Que dicha la ingratitud del alma
    al no tener recuerdos.

    Que pronto se abandona
    el amor cuando no se ama
    la propia mirada.

    ____________________

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Texto original de 2016 y revisitado en 2018.

    Fotografía: «La gran ola» de Hokusai.

    @CifuentesLucic

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  • La última mujer del mundo

    noviembre 26th, 2016

    liliana-noguera

    ¿En qué mar habita
    la última mujer
    en el mundo?

    ¿En qué desierto esconde
    el color de su arena dormida,
    en cuál silencio envuelve su voz
    para incendiar de certidumbre
    mi pensamiento,
    en qué universo deja perdido
    su inhalable reguero
    de estrellas moribundas?

    Dejé un beso suyo sumergido
    en el mar inquieto de mi alma.
    Le dije tormenta, me dijo abrigo,
    le digo que me bese, me dice que no puede.

    Debe existir algún lugar en el mundo
    donde el cielo no se desplome cada noche,
    algún lugar eterno donde brille tu piel
    en las sombras de mis caricias dormidas.

    Es inevitable esa sensación de ti
    que se desvanece en el sopor del ocaso,
    que muere de la angustia
    de haberte perdido mientras huía.

    Elige una herida para mí.
    Y yo la cuidaré
    como si fuese mía.
    Amor le dirás.
    La última mujer diré.

    ¿De qué trata el amor
    entonces
    si no es querer lo que duele
    así profundamente?

    Yo no olvido.
    Bebí demasiada muerte
    mientras borraba
    el cielo de tu mirada
    jugando a dominarlo todo,
    como si se tratase
    de un subterfugio infértil
    o una encrucijada maldita
    que revuelve la tierra.

    No era yo.
    Ni era el mar.
    No eras tú.
    Ni fue un error.

    Fuimos el corazón que ardió
    dentro de la promesa culpable
    de un mañana ciego,
    invisible.

    Para cuando no quede nada
    finalmente
    quema mis cenizas.

    Y así recordarás este frágil
    momento nuestro:
    me doy cuenta que tengo
    una herida tuya en el alma.
    Y que ya no es solo mía.

    Rostro: Liliana Nogueira. Fotografía gentileza de Grissel Herrera (México).

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2016

    @CifuentesLucic

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  • Dime dónde se esconde el amor — SALTO AL REVERSO.

    octubre 26th, 2016

    I Dime dónde se esconde el amor. En qué árbol florece, en qué mar se hace eterno. Dime si estás aquí o eres la sombra del sol. Miro el mar y olvido todo. Lo sabes. II Le susurro al oído. «Mar». Y despierta renacido. Y vuela con las alas ardientes de una metamorfosis, en una […]

    a través de Dime dónde se esconde el amor — SALTO AL REVERSO

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  • Los números de 2015

    diciembre 31st, 2015

    Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

    Aquí hay un extracto:

    Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.100 veces en 2015. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 35 viajes para llevar tantas personas.

    Haz click para ver el reporte completo.

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  • Amor dormido

    enero 12th, 2015

    Avatar de Alejandro Cifuentes-LucicBLOG SALTO AL REVERSO

    Flores cautivas

    Nuestro amor
    yace dormido
    en una fosa olvidada
    por el destino.

    Y ese destino
    seco y desmedido,
    no es otra cosa
    que un periplo ciego
    en la inesperada oscuridad
    de las palabras;
    hado infértil
    que todo lo va apagando,
    seduciéndolo,
    atenuándose deslucido
    como el telón del universo
    que extingue de fuego y vida,
    aquellas estrellas finales
    que yacen muertas
    en un fondo umbrío,
    diseminadas y silentes
    como mariposas
    ahogadas en brea.

    No pretendí
    construir una eternidad
    entre nosotros;
    hacerlo hubiese
    sido apostar
    por una suma imponderable
    de pretextos:
    contigo solo fui
    la circunstancia de mi ser,
    de mi inconsciencia,
    el apartado fugaz
    que creyó vivirse
    de labios y abrazos,
    renunciando melancólico
    a la encrucijada del pasado,
    a un tris de no ceder y cabalgar
    sobre la empedrada avenida del futuro,
    madre cruel y voraz del presente
    y su inmanente hipocresía
    (y tal vez,
    solo tal vez,
    en el aplomo
    de…

    Ver la entrada original 369 palabras más

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  • Ser tu tacto

    enero 12th, 2015

    Avatar de Alejandro Cifuentes-LucicBLOG SALTO AL REVERSO

    Tacto

    1

    Ser tu tacto
    ser la corteza que erice
    las raíces de tu cuerpo
    ser el roce que inflame
    las montañas de la luna
    la flor rosa del acantilado.

    Presumo:
    la victoria será en tus labios,
    y en ese acabarse profundo,
    tu beso será una fugaz certeza
    inacabada, distante.

    2

    Dime que la indecencia
    no es solo una inspiración
    para escribir;
    dime que es
    un perfecto método
    de perversión y vida.

    ¿O me dirás
    que la locura
    es la dócil perpetración
    de nuestra mirada
    queriendo descubrir
    el borde oscuro de la luna,
    el opiáceo halo del sol,
    el relente magnifico
    de la bruma
    que nos hace
    alucinar desnudos,
    muertos de frío y placer
    y absortos de muerte y estío?

    3

    Me perdería en tus brazos
    esos que anidan mis alas
    cuando arrecia la tormenta
    y no puedo volar

    como si ese
    fuese mi destino
    y no tu abrazo

    me quedaría…

    Ver la entrada original 71 palabras más

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  • Los números de 2014

    diciembre 31st, 2014

    Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

    Aquí hay un extracto:

    Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 3.300 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 55 viajes para llevar tantas personas.

    Haz click para ver el reporte completo.

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  • Amores que fueron

    octubre 5th, 2014

    Amores que fueron

    Amores que fueron lluvia
    y hoy son desiertos.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2014

    Vía @HistCotidianas & @cifuenteslucic

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  • Extrañar

    octubre 5th, 2014

     

    Extrañar lo que nunca se ha besado

    ¿Cómo se puede extrañar a alguien
    que aún no has besado?

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2014

    Vía @HistCotidianas & @cifuenteslucic

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  • No soy decente cuando escribo

    julio 25th, 2014

    Avatar de Alejandro Cifuentes-LucicBLOG SALTO AL REVERSO

    Me

    No soy decente cuando escribo,
    soy sinceramente indecente.

    Cuando hablo de ti

    He de morir en tu recuerdo
    como una gota de lluvia triste
    sumergida en la sequedad
    de un desierto
    que jamás ha llorado,
    que nunca ha vivido.

    Si escuchara tu voz
    en el eco de la multitud,
    sería capaz de distinguir tu sonrisa.

    Cuando te amo

    Amar solo la materialidad de la piel
    es algo que nos encadena,
    obsesiona.

    Amar el ser nos termina liberando,
    incluso cuando muere el amor.

    Amarte a ti.
    Amar todo de ti.
    Amar de ti lo que sonríe en mí.
    Amar lo que eres,
    lo que respiras.
    Amar que existes.
    Amarte toda.
    Amarte a ti.

    Cuando te desnudo

    Eres la canción culmen de mi existencia,
    la creación que mis palabras
    buscan en una mirada
    que es firmamento,
    que es infinito.

    Soy el nervio de tu desnudez.
    La estrella incandescente de tu ser.
    El…

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