En un rinconcito del alma

Alma libre

1

He muerto.
Un pedazo de ti se perdió
en un rincón de mi alma.
Ahogado en sargazos,
desangro el aire
con el relente
de tu mirar.
He muerto.

2

Enredados en un mismo surco
somos la semilla que crece
y se desvanece en la arboleda
de nuestras pretensiones
de alma arrinconada.

3

Te brindo el reino de mi alma
para que juegues a la poesía
con tus hadas.

4

Soy un alma en pena
en estas soledades.

5

Mi alma emigró
hacia tu morada.
Cuídala.
Era única.

6

Mis ojos tu alma
mi mirada tus ojos
mi alma tu mirada.

7

Un pedazo de mi alma
se quedó en la bocanada
de tu beso.

8

Ese rincón oscuro que envilece
esa densidad que te posee
eso que te pertenece
ese corazón que me adormece
esa suavidad que persiste.
Alma.

9

Aquellos fantasmas
que me amaron,
cada uno
se adueñó de mi alma;
alguna vez quisieron
ser libres,
pero mi cuerpo
los encadenaba.

10

Oscuro epitafio aquel de las almas
que no amaron con suficiencia.

11

He amado cada rincón de tu cuerpo,
he amado el firmamento de tu alma,
he amado tu mirada sin verla.

12

De tu inspiración alada,
mi respiración agitada.
En un rincón,
un poema.
En un verso,
mi alma.
Y tú,
mirándome
con tus ojos
de fuego.

13

Te amo con solo escribirte,
con solo devolverte la mirada,
de solo imaginar tus labios mordiéndome
el rincón más agudo
que mi alma guarda.

14

Mi alma por tu beso
no es sacrificio.

15

Respiro desde el último rincón
de mi alma.
Desde allí te escribo.
Te beso.

16

El ocaso termina.
Llega el destino.
Clarea mi alma.
Sonríe tu mirada.

17

Arrincóname a besos, alma mía.

18

¿Dónde quedó mi alma,
en qué rincón,
después de tan solo una hora?

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2013

Compilación libre de mi participación en la justa poética
organizada por @Micro_Poesia el 13 de septiembre de 2013.

@cifuenteslucic

Fotografía: “Por la Lastra”. Original de @Minipunk Arias (España). Usado con permiso del autor. Libre de derechos.

No me importa morir de amor en esos ojos

Hada

I

Esa sensación que desestimas
que niegas
que escondes
que justificas
que defines
como un asma en tu alma
esa sensación que es todo
soy yo.

II

Sé que sufres
sé de tu sensibilidad
sé que eres de aire
que flotas en el viento
como una gota
de rocío que migra de lágrimas
cada temporada.

III

He de morir en tu recuerdo
como una gota de lluvia triste
sumergida en la sequedad de un desierto
que jamás ha llorado,
que nunca ha vivido.

IV

Si escuchara tu voz
en el eco de la multitud,
sería capaz de distinguir
tu sonrisa.

V

Amarte a ti.
Amar todo de ti.
Amar de ti lo que sonríe en mi.
Amar lo que eres,
lo que respiras.
Amar que existes.
Amarte toda.
Amarte a ti.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2013
Libro: El albedo de la luna / 2013

@CifuentesLucic

Fotografía: “Hada”, de Erica Sansenbag, Buenos Aires, Argentina. Usada por cortesía de la artista.

21 versos de una revolución

Una colaboración exclusiva para el Blog Salto Al Reverso.

SALTO AL REVERSO

Fotografía de Carlos Mauricio Fuentes

1

Una tarde enfrentó su destino
con hidalguía
y dijo adiós.

2

Salió a la calle
y se entregó a la orgía de la lluvia,
que salpicaba los edificios
con el desparpajo de siempre.

3

Tomó el tranvía
y se sentó a disfrutar el tránsito y la gente,
observando el brillo de sus pupilas ocres
reflejarse en las vidrieras azules.

4

Cerca de la biblioteca,
abandonó el periplo estático del tranvía
y se deslizó por las escaleras de mármol
hacia su sitio secreto de lectura.

5

Del sexto anaquel hacia la derecha,
extrajo un libro de cuero curtido,
envejecido en sepia,
enmudecido de todo tiempo.

6

Cada hoja era un compendio
de hermosos poemas escritos
por diversos poetas proscritos,
allí,
en su país de porcelana.

7

Sabiendo que realizaba una acción prohibida,
decidió transcribir todos los poemas,
temiendo que el destino del libro
fuese una cruenta hoguera.

8

Cuando terminó…

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Soy verso

Desierto culmen

Yo que soy desierto,
por ti,
podría abrazar el mar
y soñar que soy verso.

Soy verso sentido.
Soy verso,
luego persisto.
Soy verso
con vocación de firmamento.
Soy verso en los labios
de tu alma,
en la boca
de tu boca,
en el culmen
de tu seno
azucarado.
Soy verso
que amanece en ti.
Soy verso
aunque no sea poesía.

Soy verso,
yo que soy desierto,
yo que en tus alas extravié
mi capacidad de ser viento.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2013
Libro: El albedo de la luna / 2013

@CifuentesLucic

Publicado en Salto al Reverso / @saltoalreverso

Fotografía: “Desierto culmen”. Original del autor en http://goo.gl/4f1QHc.

Irredento

Animita

Summun jus,
Summa injuria.

Podrás soñarme
forajido,
jamás bandido.
Podrás saberme
corsario,
nunca pirata.
Podrás tenerme
amante,
no mendigo.
Podrás sentirme
luctuoso,
pero no réprobo.
Podrás decirme
poeta,
mas no disipado:
mi
bendita
maldición
la incandescencia,
absoluta
veleidad
de mi ser.
Hazme justicia.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2013
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2013

@CifuentesLucic

Publicado en Salto al Reverso / @saltoalreverso

Fotografía: “Animita” – Original del autor en http://goo.gl/4f1QHc.

Eres la fiebre

Desierto

Sé mi estrella fugaz
esta noche
y concédeme deseo,
se mi sed,
satisface mi agonía
con la húmeda virtud
de tus labios de fuego,
mientras el aroma de tu cuello
me tributa el vértigo imposible
de caer en las montañas de tu Luna,
y cavitar succión y descarga
en el paisaje lunar de tu cuerpo,
y descubrir el jengibre oculto
que
sudoroso
empala de tu Venus
cualquier ardiente deseo
indomable
irrefrenable.

No recurro a la virtud
para inmolarme en tus caderas,
cuando miran mi rostro encendido
como un solsticio desbocado,
y me convierto en esa audaz
penetración
que soslaya los atributos
de tu carne,
y se hace presa,
ultimada,
de tus sentidos,
de tu alma.

Eres la fiebre
que tortura mi carne,
eres la piel que bendigo
con los latidos
de mi simiente,
y eres la calma piadosa
en esa tormenta desenvuelta
que no reconoce de límites
ni de cuerpos,
cuando nos entregamos
a la provocación
de una sonrisa cómplice
que se hace relente
entre los dientes salados.

No termina en tu boca el beso
que promete una descarga
de muerte y renacimiento,
y como preámbulo serás quien devore
con tu lengua al depredador,
y quien siendo presa dominada,
sea también mi voraz alimento,
depravado.

Somos hijos del sexo
y padres del amor,
del rigor atado
en las alas
y en los ombligos,
de la trepanación de voluntades
dispuesta
abyecta
para la emboscada de tus caderas:
heme aquí condenado
a ser piedra dura
en tu río de espuma,
mi mirada de infierno,
tus ojos de cielo,

No existe una frontera
para el deseo,
contigo,
no olvides que cambié
mi melancolía por tu cuerpo,
para tatuarme de fiebre
para morir escarchado.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2013
Libro: El albedo de la luna / 2013

@CifuentesLucic

Publicado en Salto al Reverso / @saltoalreverso

Fotografía: “Desierto profundo” – Original del autor.

Ecos

Ecos (1986)

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Tengo en mi mano, la mitad de un hilo proverbial, muerto, por un golpe de mano.

Alguna vez, del todo, blandió en sus dedos, el ocaso de tus sienes.

Viejas y desempolvadas creencias, sueños posibles, sentires de esta vida que mueren en el estuario de esta parodia, el erario de lo imposible, la realidad de la malicia.

No hay quimera en este conflicto que yace profundo, como el subtexto surgido de la brea de mi corazón, borra triste que exime mi risa rota del encanto de la duda, de la translación pura y cándida, la castración perenne y seca.

Eres realmente una flor abierta y frágil que mece un viento terco y persistente. Surges en mi arboladura. Te adhieres a mi filamento. Concluyes en las hojas del vasto cielo que escarlata el horizonte.

Extraño. Después del fin, se destacan nuevos comienzos. Tiembla el mundo, se oscurece la luz, se abre la herida con ese dolor permanente que esa entrega que adviertes con los ojos clavados en la soga que mece tu cuerpo.

Llévame a amar de formas insospechadas. Ámame o mátame.

Mi amor facilita el instante, bello. Y bello es el momento en ciernes. Cierra los ojos. Olvida todo. Crudo destino, azar encrespado, amor eclipsado, muerte trenzada en un cruce de cuerpos.

Mi empeño se mueve hacia ti como el puñal que traspasa la carne, que cercena el tejido, que interrumpe el vivo latido que erosiona el olvido ¿Eres sueño?

Ahora soy el viento que se confronta a tu efigie de dragón, esfinge de mujer. Mi pequeña fuerza y tu gran fuerza. La sangre y la decisión. La incertidumbre y la sabiduría.

Mis manos abiertas acarician tu cuerpo esclarecido por los colores del amanecer, pletórico de los albores de la porcelana, de los olores de madera y de manzana que imagino perdido en la voracidad de musgo suave. Me he dormido junto a tu carne tibia, fundiéndome en el regazo de este puerto sin abrigo.

Indiferencia. El puñal arrogante. El desnudo aterido por la zozobra del día. Frío. Invierno. No hay leños que quemar ni palabras que escribir: es la sequía colapsando en mi interior. Nieva en el corazón, mientras se desarma el alma en un llanto extremo y perpetuo.

El sopor se constituye en mi aliento en esta constelación de mil noches negras, que anochecen en una multitud de flores muertas, en el jardín lacerado por la cal que agrieta de sangre mi interior: el sabor del mar que se muere sin tu amor.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2013
Versos Sueltos (1986)

Original vía El Rumor de la Caracola
Fotografía: Marijana Lucic. Usada por cortesía de la artista.

Sálvame

Esto va a ser más difícil de lo que pensaba.

Catalejo

Soñé tu voz en un beso
y tu boca deshizo,
suave,
la necia inquina que apuñala,
que intriga con el sabor
quedo de tu recuerdo,
ido.

Te nombro imposible,
te llamo ausencia,
exhausto en la zozobra,
sumiso en la marea,
sabiendo que me lloverá
el deseo descalzo
hasta despertar en el trinar
inquieto del amanecer.

No estarás allí,
vendrás en mí.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2010

El imperio de las migajas – 2011

@cifuenteslucic

Fotografía: “Boya” – Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Todos los derechos reservados ©.

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Esos besos

Adriana Reid

Te debía esos besos;
unos versos,
solo para ti.
Hubo una tormenta de mi
y tu candor
fue mi pulsión
que reveló el eclipse
de mis actos.
Todo de ti,
poco de mi;
imperdonable
como el grácil beso
que dejé escapar
de tus labios
la noche del adiós,
la mañana del dolor.

He explicado
inútilmente
lo dedicado de mi vida,
sin comprender
la fragilidad de la tuya:
dejé marchitar
las promesas
invertí en un caos
las condiciones impuestas
y eludí
desde lo profundo
el alborozo sentir
de tu abrazo,
el cáliz delicioso
de tu vientre.

Abro los ojos
y me ha sorprendido
la noche
en un claro
sin estrellas,
lejos del amparo de tu fuego,
ausente,
estólido de mi mismo,
entumecido de desierto.

No cejaste jamás
en caminar
las distancias
que se apoderaron
del amanecer de nosotros
y fue tu amor comprometido,
el temblor de lo que
despierta,
aquello que decretó
el término de ésta,
mi injusta ascensión,
lejos del mar
lejos de ti.

Te debía
esos besos,
amor
y estos versos:
respiremos el bullicioso
y solaz verano
y olvidemos este invierno
gris y desconcertante,
que cedió de tristezas
y lágrimas;
aún cuando se agoten
los días,
seguirás allí conmigo.
Mientras,
agradeceré
ese beso eterno
que humedeció
de esperanza
mi destino final”
¿Estaré
a tu altura,
oh, mi alma
de eterno
Prometeo?

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2013
Libro: El albedo de la luna / 2013

@cifuenteslucic

Fotografía: “Macro 1” – Original de Adriana Reid (México). Usado con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.

Oxido de ti

Piromona

A Mónica

Sentí
que tu rostro
se había petrificado
de arena,
hundiéndose
en una ocre
ventisca de olvido.

Lo sentí
alienándose
triste
y confuso,
atado a la infertil
sensación
de haber perdido
atrás
en el vivir,
en lo que es,
en lo debido,
el amor ígneo
de tus ojos húmedos,
enredados a fuego,
a la invertebrada
levedad
del universo,
molécula graciosa
que libre
libertaria
definió para tu nombre
el despertar
de mi corazón oxidado,
mi oxido de ti,
herrumbre liviana,
superficial,
suspendida en un suspiro
de profundas escrituras,
huella de hierro escarchado
que detiene mi caída,
sosteniéndome
con el aliento
de tus alas perladas.

Sentí
su batir alado
en el ánimo que me infunda
la declaración de amor
que me dejas
regalada
en el susurro almíbar
que se cuela,
suave
por el pulso
que origina
en cada beso,
el oxígeno que bebo de ti,
instante esculpido
en la rutina de mi cuerpo,
escapulario tatuado
de tu recuerdo,
bendición que llevo
esposada
en mis manos,
firme espera
de abrazarte
las vidas enteras
de esta sola vida,
todas las veces,
tantas veces.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: El albedo de la luna / 2013.
Escrito en noviembre de 2012 en un calabozo.

@CifuentesLucic

Fotografía: “Monita” – Original del autor. Todos los derechos reservados ©.

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