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Catalejo

  • Encadenados

    diciembre 19th, 2012

    Sin título

    Y fue que aquí
    terminamos
    encadenados
    en un beso,
    enmudeciendo
    el fragor
    de estas batallas
    nuestras
    que gritan
    calladamente
    sobre el silencio
    de estos muros.

    Nadie fue
    imputado
    por ese beso,
    ni nadie será
    culpable
    de este tenue
    roce de nuestros
    labios,
    fundiéndose
    sutilmente
    entre barrotes
    y pasillos,
    en los calabozos
    donde se prueba
    la fortaleza
    que escriben
    nuestras miradas.

    Quizás nadie
    pericie nuestros
    labios,
    ni prueben
    la sinceridad
    que emergió
    de un beso
    tan profundo
    como la verdad
    que esquiva
    comienza
    a florecer
    en toda
    esta aridez,
    detentando
    un tercio de
    justicia,
    otro de inocencia
    y un largo
    trecho
    para la
    absolución
    que nació
    encadenada
    a un beso,
    encadenados
    los dos.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
    Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012
    Escrito en un calabozo.

    @cifuenteslucic

    Fotografía: “Tensión”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Libre de derechos.

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  • Nien

    octubre 10th, 2012

    Mi piel
    nunca
    recuperó
    la sacudida
    la quemadura
    de tu boca
    exigente
    esa turbación
    pretérita
    de sentirme
    poseído
    en el derrame
    de tus gemidos
    esos que musitaban
    la innegable
    persuasión
    de tu rostro
    ajándose bellísimo
    en el brillo
    de mis ojos
    versión penitente
    de una máscara
    pintada de amor
    volcándose
    de ausencia
    tornándose
    de vida
    borrándose
    de colores
    arándose
    de sueños
    como la negación
    perturbadora
    de aquellas
    apetencias
    de tu alma mía
    que mueren
    con fatal
    ahogo
    en el desasosiego
    escondido
    de una colmena
    de melancolía.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
    Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

    @Cifuenteslucic

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  • La persistencia de la ignorancia

    octubre 4th, 2012

    Adriana Reid

    1

    Tuve una cierta
    idea de todo,
    de todos,
    escondida en el demiúrgico
    camuflaje
    de la poesía sideral:
    pretendí ser capitán
    de un corazón indeleble
    y no fui más
    que una pálida ilusión
    en el delirio
    insensible
    y huidizo de un amor
    tan risueño y mordaz,
    invisible
    en el límite impreciso
    de mi capitanía,
    ingenua corazonada
    de una honesta imaginación
    amparada
    en un recuerdo
    inquieto
    y en la perversa
    contradicción
    que es inhalar
    el futuro
    como si fuese una poderosa
    e inmaculada
    certeza.

    2

    Qué desvarío produjo
    tal desalojo
    del enjambre
    de sus besos,
    quebrando de plano
    los avíos
    de mi fortaleza,
    el dolor
    y la desolación
    de persistir
    en la ignorancia
    de un naufragio
    inevitable,
    seducido
    por la tradición
    almenada
    de deshonrar
    la promesa
    inalcanzable
    de su nombre
    durmiendo
    en el regazo
    confidente
    de mis alas
    encadenadas,
    su nombre inscrito
    en las vértebras
    imposibles
    de mi alma.

    3

    Solemne indecisión
    aquella de transmutar
    en la alternancia
    de dos mundos,
    en los que el universo
    dividió mi corazón:
    su eterno corazón
    triste
    y estas palabras
    que insisten
    en ignorar,
    en aceptar
    el inmerecido destino
    de tanto amor
    desatado
    en una sola vida.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
    Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

    @CifuentesLucic

    Fotografía: “Desde Arriba” – Original de Adriana Reid (México). Usado con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.

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  • Rezzus

    septiembre 5th, 2012

    Adriana Reid

    Terminé convirtiéndome
    en uno
    de mis amaneceres
    más extraños,
    en un cielo
    de herrumbre e invierno,
    en una bruma sigilosa que congela,
    en un abrazo de ti
    que no puedo imaginar
    cuando despierto.

    Las sinuosas arenas
    no pudieron antes
    y no podrán después,
    jamás,
    contra mi corazón,
    que vino a perderse
    aquí tan lejos,
    sobrecogiendo de olvido
    tantos rincones,
    todas las estaciones.

    Hay algo extraño
    en este
    árido paraje
    que me rescata la vida,
    quitándomela,
    que me borra de la piel
    una pléyade incierta
    de amores
    agrietados
    en una ocre panoplia,
    en una dócil
    broma de la memoria:
    aquellos que vinieron
    y se fueron con el sol
    amoratando de incordio,
    la mirada
    que me queda
    pendiente de ti.

    Quedo convertido
    en una estrella
    vigilante de tu alma,
    en un desnudo
    momento de sosiego
    acurrucado
    en tus pupilas marrones,
    llegando hasta tus labios
    núbiles
    con palabras que te pertenecían
    más que a mí mismo,
    incluso antes que el tiempo,
    díscolo,
    pudiera concebirlas.

    Mimetizado en amanecer,
    parpadeo inquieto
    petrificado
    en un perfecto amor de arena,
    mimado
    desterrado
    decepcionado
    infértil
    en un paisaje de estrellas
    y miradas,
    idolatrado
    perdido
    amado
    aquí me quedo:
    en tu amanecer de cándido
    oropel
    que no recuerdo
    haber olvidado.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
    Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

    @Cifuenteslucic

    Fotografía: “Troya en Galerías” – Original de Adriana Reid (México). Usado con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.

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  • El plexo del abandono

    julio 3rd, 2012

    A la ribera de ti

    Qué es lo debido,
    a firme,
    resuelto
    que ahuyenta
    el profundo abandono,
    que embarga de filosas
    tristezas,
    que habla de soledades
    encubiertas
    y de vuelos atrapados
    en mareas y zozobras,
    ennegrecidos como la luz
    en una mazmorra
    diluida por la desaparición
    y la ausencia,
    como el hierro congelando
    el aliento en la ventisca,
    como una perdida que se hace latente
    y mentirosa,
    como una noche en la que reina
    el olvido
    y la cruel cicatriz
    de sí misma.

    En este debido proceso,
    el corazón palidece de piedra:
    no se acoraza o se acobarda,
    simplemente se extingue,
    se agota,
    al igual que las crudas palabras
    que yacen como desperdicio
    en los laberintos
    que la arena
    va agrietando en la memoria
    estéril
    del desierto
    y el tiempo,
    como un desliz inveterado,
    total.

    El corazón
    ya no grita
    ni el grito
    alienta el alma,
    traduciendo el ancho silencio
    que deja el abandono
    en las viejas costumbres
    que reflejan
    la ausencia de abrazos,
    de roces,
    de mensajes embotellados,
    de lejanas estampillas,
    de letras dulces,
    de códigos secretos,
    de semblantes y caretas,
    de tantos objetos
    que parecen perennes,
    allí siempre,
    y que hoy yacen pueriles
    y débiles,
    inútiles
    para el simple entendimiento,
    sin comprensión para el que escribe,
    sin remordimientos para el que lee.

    Me pregunto qué queda
    de las brisas,
    del cálido viento
    que dormía en tus sueños
    de ayer
    o de aquellas gotas de rocío
    pendiendo sonrientes
    de tu mirada.
    Me pregunto qué queda
    de tantas cosas
    que alguna vez fueron promesas
    labradas a fuego
    o gestos suspendidos
    en los hombros
    o besos profundos
    en los labios
    o susurros de almíbar
    en el vientre
    y que hoy son claro vacío
    que se vaporiza de la amargura
    que tiñe de agonía
    la desilusión del día,
    la desolación del crepúsculo.

    Te olvidas de los muertos
    y que más puedes exigir
    de aquellos
    que en vida,
    dejaron de existir
    entre condenas
    y alegatos de inocencia,
    de balada compasión
    y muda indiferencia,
    y la carga de los huesos
    haciendo frente
    a la niebla del destino.

    Heme aquí
    en el lugar impropio
    donde el dilema moral
    destierra el corazón,
    y el amor que fue convicción
    de todo
    se trastoca en un debido
    abandono,
    que termina
    enloquecido,
    fracturado
    en el tránsito marchito
    que seca incluso esta tinta,
    que ya no habla más,
    ni siquiera de estrellas
    o de tormentos,
    que no suspira
    por caracolas
    o clarividencias,
    por más que oprima
    el desaliento
    de mi pecho,
    expulsándolo.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
    Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

    Collage: “A la ribera de ti”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Libre de derechos.

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  • La confusión de la despedida

    mayo 6th, 2012

    ¿Hace cuánto tiempo
    no te detienes
    en el aroma de una naranja
    que se abre en tus dedos?
    Dime a qué huele.
    O te fijas en el recorrido
    del reloj,
    absorta de la vorágine del mundo,
    simplemente escuchando
    el bello sonido que palpita
    en tu corazón,
    sin más interrupción
    que el silencio.
    Dime qué se siente.

    Dime de qué se trataría
    todo esto
    que intentamos explicar
    como existencia,
    si no fuese por el ovillo
    tejido
    entre tu alma y la mía,
    como un puente
    tendido
    en la constelación
    diaria e invisible
    que ofrendamos
    de palabras y belleza,
    con la persistencia
    que concluye
    en un nudo de conversaciones
    inacabadas,
    como si una puerta
    hubiese sido abierta
    entre las distancias
    y las imposibilidades.

    Dime qué es amar
    cuando así has amado,
    dime qué es la soledad
    al despertar en un abrazo,
    dime qué textura
    tiene la libertad
    si no has sacrificado
    un instante por ella,
    dime qué es robar
    un beso cálido
    en la confusión de la despedida,
    cuando ni siquiera
    te has percatado
    hacia que otros abrazos
    se encaminan tus pasos.

    Me pregunto qué puedes
    amar de mí,
    si todo lo que soy
    se reduce a un cuadrado
    encerrado en el desierto,
    a una tristeza entera
    dando tumbos
    en la luna,
    a una esperanza
    entumida de sol
    que zozobra entre nubes
    sin lluvia,
    a la apelación
    que sustituye
    la posibilidad de una vida
    por otra,
    de la añoranza del sueño
    perdido,
    de la realidad
    que se avecina
    en su soplo visitante,
    en la brisa que viene
    desde lejos,
    disfrazada de ti,
    inspirada en mí.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
    Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

    @CifuentesLucic

    Fotografía: “Copas”. Original de Claris Trigueros (Caracas, Venezuela). Usado con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.

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  • Hablar así

    febrero 27th, 2012

    Reverso de mi alma

    No busco motivos
    en el viento
    para disipar
    lo que mi corazón
    oscurece,
    en el reverso
    de mi alma,
    en aquel lugar
    en el que escondo
    todo aquello de ti
    que jamás verá la luz.

    Precisa condena
    esta actitud
    que no desaparece
    ni con el tiempo
    ni las promesas
    y que es la redención
    de tu mirada,
    el claroscuro perfecto
    de tus ojos,
    alojando con certidumbre
    en cada esquina
    de esta historia borrada
    y escrita
    tantas veces al oído.

    No basta que desaparezcas
    con la noche
    si es esa misma alborada negada
    en cada lágrima entristecida,
    la que me recuerda tu rostro
    sonriéndome
    en los sitios queridos
    que caminé contigo antes
    de desvanecerme
    frente a tu presencia
    diluida en las copas
    de los árboles,
    creyendo ingenuamente
    que lo hacia por mí,
    cuando la verdad es
    que tú siempre
    elegiste huir.

    Mientras escribo alborotando
    esta soledad,
    recuerdo cada una
    de tus palabras
    y no puedo convencerme
    que hayamos elegido
    lo más fácil,
    espaciar el mundo inoportuno
    entre nosotros
    y someternos a la distancia
    de los murmullos,
    de la incertidumbre,
    de la negación.

    Concluyo por desandar
    cada decisión
    que no es mía,
    y mi sorpresa se hace
    tuya
    al sentirte
    incomprendida,
    desolada,
    abandonada al desencanto,
    porque apenas tengo voz
    para decir
    que todo nos une
    en un murmullo
    que guarda sigiloso
    un último susurro.

    Quisiera hablarle
    así a una mujer
    y ascender por ella
    con una convicción singular,
    que mis manos podrán asir
    su historia
    y mi horizonte,
    que podré abrazar
    su alma inquieta
    y dormida
    e inspirarla
    para que su beso
    me libere:
    pueda yo vivir
    hasta que el vuelo
    de la muerte
    restituya nuestros espíritus
    con las estrellas
    allá
    en el cielo eterno.

    Quisiera hablarle así
    a una mujer,
    por una vez,
    y escuchar su respuesta
    haciendo
    eco en mí,
    como poderosa constatación
    que la vida se rige
    por algo más
    que el tiempo
    y la esperanza.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
    Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

    @CifuentesLucic

    Collage: “Reverso de mi alma”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Libre de derechos.

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  • El viraje de los vientos

    enero 21st, 2012

    Nada más que
    un amor egoísta
    para escribir
    su nombre
    borrando el mío.

    Nada más que
    un amor precioso
    para esconder dentro de sí,
    esas ansias de poseer mi alma
    sin más consuelo
    que perderlo todo,
    y darle un sentido
    a este corazón atormentado
    por el viraje de los vientos.

    Te dejo mis sueños,
    mi nostalgia moribunda,
    y de herencia las palabras
    breves e infinitas
    con las que olvidé
    que el amor es triste
    como tan hermoso su calvario;
    que el amor es tuyo,
    siempre,
    como mío es el pesar
    y la resignación,
    la excelsa vanagloria
    el corazón y su lastre
    de culpas eternas,
    todo lo que insulta
    la razón,
    juzgándolo,
    perdonándolo.

    Resulta que sin luna
    en el desierto
    no hay poesía
    ni esperanza alguna,
    y resulta que sin mi
    pudiste volver
    a la libertad
    de tu claustro,
    como si mi ausencia
    fuese una condición
    para el olvido.

    Sin mi
    no hay nada más
    que el viraje
    de los vientos,
    desbocado,
    pretérito
    en un planeta moribundo,
    mudo y alzado,
    y el horizonte prometido
    no es más
    que la excusa inclemente
    para despojarnos
    de la brújula del alma,
    la señal de la libertad,
    y quedarnos taciturnos
    en la deriva
    del atardecer,
    mustios, inmóviles
    como un óbice de nubes
    que trasciende el cielo,
    cuando inicia el caminar
    de las estrellas.

    Te prometo,
    mi querida ilusión,
    que mientras aprecie
    este viento
    que hoy susurra
    tantas despedidas,
    aquí me dormiré
    con tu nombre escondido
    en el secreto juego
    que florecerá
    en mi epitafio:
    sólo el viento.
    Y tú,
    cuando todo cambie,
    cuando termine.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
    Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

    @cifuenteslucic

    Fotografía: “Luna inventada”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Todos los derechos reservados ©.

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  • Después del laberinto

    enero 20th, 2012


    He decretado
    irme de aquí.
    Volver a tus brazos.
    Renunciar a todo
    lo aprendido en esta vida,
    centrarme en la paz interior
    que he logrado
    sentir en mi camino
    hacia la libertad,
    el periplo desde la oscuridad
    hacia la luz
    iniciado para no retornar
    jamás
    al punto de partida
    de este injusto viaje.

    Quiero mirar
    tus ojos,
    desnudar tu mirada
    con la lentitud milimétrica
    del aleteo persistente
    de un colibrí,
    pulsando el universo
    con esa atrevida entrega
    que provocan en ti
    mis besos olvidados,
    los que sonrojan tu rostro
    con ese tonto amor
    desatado hasta encandilar
    la efímera comprensión
    de que nada importa
    en esta tierra,
    en esta vida,
    si al menos
    algo de mi queda
    para contar
    esta historia
    de desolación
    y desespero.

    Después del laberinto,
    dejaré de escribir
    sobre ti
    y quemaré todas las palabras
    en una hoguera visible
    para el olvido.
    Después del laberinto,
    me quedaré por siempre
    atrapado
    entre el sol
    y la luna,
    como suspendido
    en la sorpresa
    de no estar aquí.

    No será fácil
    cruzar esa puerta.

    Pero se abrirá.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
    Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

    @CifuentesLucic

    Fotografía: “Fuga en LA”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Todos los derechos reservados ©.

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  • La oración

    diciembre 15th, 2011

    Porque tú eres perfecto, Dios, y yo soy tan imperfecto, sentenció la voz, quebrando así el silencio del crepúsculo que teñía de oscuridad el aislamiento, y dejando un dolor vivo en los corazones de aquellas almas perdidas y aprisionadas entre estos muros de piedra muerta. Después, el llanto. Una desgarradora sucesión de sollozos y quejidos que se hicieron finalmente silencio, agrietando el propio rigor del silencio. La oscuridad de esa atmósfera asfixiante vulneró la última oposición que la razón puede batallar a la soledad y a la sensación más imperativa que es, abandonar en el capitanear, nuestro propio rumbo del espíritu. Quizás los sollozos se hicieron anónimos en los individuos y sus celdas, pero nadie escuchó nada, esa noche, en esos muros. Nada.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
    Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012
    Memorial del 18 de noviembre de 2011. Módulo 91, Alto Hospicio.

    @CifuentesLucic

    Fotografía: “A ti”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Todos los derechos reservados ©.

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