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Catalejo

  • Esa propiedad de atraer la humedad del aire y disolverse lentamente

    agosto 1st, 2010

    Si mis palabras estremecen tus sentidos y electrizan tu piel
    debes abrirte a la firme evidencia que he traspasado la frontera íntima de tu ser.
    Sin más limite que nuestra propia complacencia,
    caminamos por el reflejo de días claroscuros,
    esperando el presagio que marque el inicio de un destino alado
    y diferente de nuestros avatares. 

    Al amparo descubierto de esta vida
    -en el desierto profundo de esta realidad,
    perdición que nos redime de la culpa y del pecado-,
    respiramos el vaho de nuestro amor incendiando una atmósfera de deseo perpetuo
    que abre, despacio y fuerte, la graciosa virtud que muere delicuescente.

    Lo sé,
    mis palabras no lucen el encanto que respiro de tu boca,
    ni tus labios la humedad que se escapa de mi sangre.
    Me convierto en sal,
    no logro huir de la atracción de tu mirada,
    de la propiedad incadecente de tus ojos,
    de esa capacidad manifiesta de saciar las lágrimas
    desde antes que la gravedad gire, grite
    y las aplaste por sobre la opacidad de las estrellas,
    y las convierta en el extenso dolor que descansa en mis brazos.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010

    Cuaderno de Fotografías

    Fotografía: “Desierto profundo” – Original cámara propia (Iquique, Región de Tarapacá, Chile).

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  • Cementerio

    julio 29th, 2010

    Sufrí en vida la veda del amor, el escaso rocío de las caricias simples y sinceras,
    la mutilación de las horas esperando diletante el amanecer negro del mar,
    la sequedad de la existencia y de los huesos en estas llanuras marcianas,
    el salitre marchitando mis labios con la humedad apropiada para el frenesí de mis pasos
    dados, todos, unidos, organizados, perdidos:
    el hombre de siempre calcinado bajo este mismo sol medieval.

    No imagino otro lugar que este hermoso desierto para vivir;
    para morir ya elegí el breve fulgor de tus besos que quema mi memoria.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010

    Cuaderno de Fotografías

    Fotografía: “Cementerio” – Original cámara propia (Iquique, Región de Tarapacá, Chile).

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  • Pequeños trinos

    julio 18th, 2010

    I

    Un rayo de mi emerge desencadenado al más frágil roce de tu cuerpo frío,
    de la porcelana de tu piel,
    triste y breve como una última despedida.

    II

    Mientras dirijo una ofensiva hacia el musgo de tu almena,
    caigo en cuenta de tu húmeda emboscada
    y soy rehén de algo más que tus ojos.

    III

    No me queda más que hacerme invisible y merodear,
    entre la luz y sombra,
    con la esperanza que, al mirar el vacío, me veas.

    IV

    Si iluminas la noche con tu presencia,
    recuerda que es tu ausencia la que oscurece el día.

    V

    Tu nombre palpita en mi interior como una revolución de martillos
    haciendo silencios en la llanura de la clandestinidad.

    VI

    Ya no te veo.
    ¿Por qué te escondes detrás de tanta luz?

    VII

    Si regalaras la mirada que nace de mis ojos,
    descubrirías que mi universo se compone de la dicha de tu existencia,
    del dulce aroma de tu ser.

    VIII

    Si la noche te contagia la frialdad del invierno,
    recuerda aquel momento en que nuestros cuerpos ardieron como una tormenta desatada de sol.

    IX

    En el clímax del eclipse,
    cuando la oscuridad devore la luz en un instante,
    sentirás mi beso furtivo en tus labios como promesa de algo más.

    X

    Llega un instante en la vida en que la reciprocidad del amor se manifiesta como un gesto irrepetible que puedes asir por una única vez.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010 / Libro E

    Photograph: “No” – Original by Lorena Cejudo (Riviera Maya, México). Artwork used with permission.

    [tweetmeme source=”ACifuentesLucic” only_single=false]

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  • Patricio Riveros Olavarría

    julio 7th, 2010

    Patricio Riveros Olavarría

    Patricio Riveros Olavarría (1962-2005) fue en vida un reconocido escritor iquiqueño, hijo de la sangre y de las historias del ilustre barrio El Morro de la ciudad de Iquique (Tarapacá, Chile). Iquiqueño de corazón, amó su tierra como el que más, aunque vivió en los Países Bajos y Cuba durante su larga juventud, graduándose de periodista en la Universidad de La Habana en la isla caribeña. Patricio era, por definición, un espléndido narrador, un cuentista excepcional, un letrista creativo de talla nacional, un cronista de historias, personajes y profundidades humanas de nivel internacional, que supo plasmar en el conjunto de sus obras (novelas, novelas cortas y cuentos), la cara local de la globalización, de la mundialización desatada que supo conocer y aprehender en las vivencias desventuradas y sus múltiples periplos por culturas diferentes, conociendo e interactuando, de forma sincera, simpática y auténtica, con gente variada y variopinta.

    Patricio Riveros Olavarría, escritor y periodista, era parte del patrimonio cultural de Iquique. Era habitual verlo caminar por las cercanías del edificio del gobierno regional en dirección a su hogar enclavado en el corazón del barrio El Morro, entre la costanera y el puerto. Con su tranco calmo, acompasado, sus pasos tranquilos, Patricio siempre estaba dispuesto a conversar con quien se le cruzara por delante, sin importar realmente si él iba atrasado o si uno mismo era el apurado. Era normal también, para quienes lo conocíamos un poco más, cruzar tallas y travesuras con él, al más puro estilo de un duelo del lejano oeste o de las salitreras, claro que sin heridos ni muertos ni humillados.

    Hace más de 5 años, una mañana cualquiera, nos vimos justamente en la puerta del edificio del gobierno regional y, como de costumbre, nos hicimos mutuas pullas y retintines, el tartamudeando, yo un poco más rapidito. Debo reconocer que lo vi cansado, quizás con gripe por extrema ventilación erótica o por algún trasnoche desbocado de conversaciones literarias y tertulias crepusculares después de las grabaciones de su programa de cultura en la televisión «Tartamudeando con libros».

    “Me he sentido pésimo, he estado enfermo toda la semana” me dijo. “Tienes que mirar el carné de identidad, la parte de atrás, donde escondes la fecha de nacimiento” le respondí, antes de perder de vista su clásica figura vestida con esa chaqueta de cuero negro, desgastada, estriada de tanta experiencia de vida, casi un arquetipo de su extrovertida y alegre personalidad.

    Recordé nuestras conversaciones en la plaza cercana a la Universidad Arturo Prat, en las que me demostraba que -a diferencia de otros becarios del mundillo iquiqueño que se jactan, aún, de su vetusta experiencia en la tierra de los tulipanes- él si había aprendido a hablar neerlandés (y también a escribirlo a máquina, algo tan difícil cómo pilotear un avión supersónico).

    Atesoro con mucho afecto los libros que de él tengo en mi casa, la mayoría de ellos autografiados de su puño y letra, en la calle, así, simple, sin ceremonias ni corbatas, en el más puro estilo de vida que, como ensayista, cuentista y novelista, vivió hasta el final de sus días.

    Patricio era un promotor de la cultura: casi predicaba sobre el valor superlativo de la lectura en los niños y los jóvenes. Siempre estaba dando multitudinarias conferencias en los colegios y en la televisión: en su programa “Tartamudeando”, daba rienda suelta a su capacidad intelectual, acercando la literatura a lo cotidiano, a la vivencia universal de esta ciudad-puerto. En el último tiempo, Patricio estaba desarrollando un proyecto literario en la cárcel con jóvenes, cuyo entorno de vida y las presiones y contradicciones de una vida de violencia y abandono social, los había alejado de la libertad. Sin embargo, él, con la literatura, estaba dispuesto a recuperarlos, a renovarlos en su condición de personas, a liberarlos, a reivindicar su dignidad.

    Patricio era también un gran amigo, siempre ocupado de la gente, solidario, empático. Amaba Iquique como cada persona ama su terruño, pero en él se notaba con una inspiración superior y un halo elocuente, verdadero, honesto y sincero. Me imagino que algún día, alguna calle de esta ciudad llevará su nombre, la de este modesto y gran Tarzán chileno y cosmopolita, periodista y escritor.

    Patricio, era un buen amigo, mi amigo. Este es un pequeño homenaje para tu memoria, Pato. De verdad, no te he olvidado. Me imagino las tertulias que habrás armado en el cielo, con tanto personaje interesante dando vueltas a tu alrededor, en las alturas, cerca de la arena y la neblina que acaricia el cerro Dragón y los cerros que rodean Iquique, hasta las alturas de Tarapacá.

    Patricio Riveros Olavarría, falleció en la madrugada del día 07 de julio de 2005, a la hora precisa cuando el amanecer espanta la oscuridad en esta tierra de pampa y mar. Tenía 43 años.

    – – –

    Pensando en los escolares que deben leer y comentar tus obras, y preparar más de alguna tarea que sea la delicia de los profesores de lenguaje y del desquiciamiento de los padres, me he permitido colocar esta pequeña biografía de tu vida y de tu obra:

    Patricio Riveros Olavarría, nació en Iquique en 1962 y vivió durante muchos años en Holanda y Cuba. Recibió innumerables premios literarios en Cuba, Chile y España, y escribió cientos de cuentos y novelas. Este escritor que además es periodista, vivió hasta su muerte, en julio de 2005, en Iquique. En 1995 gana un proyecto para el Fondo Nacional para el Desarrollo del Arte, Fondart y publica ese mismo año cinco obras en la editorial «Pluma y Pincel». En 1996 obtuvo el premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura por su historia de las habaneras. Años después, estos libros auto-editados convergieron en «El Funeral de la Felicidad», una compilación de sus mejores textos hasta el 2000. Uno de sus más queridos proyectos fue el programa radial dominical «Tartamudeando de libros» en Radio Paulina de Iquique, en donde Patricio comentaba sobre la actualidad literaria en la región y en el país. Este programa fue destacado en el programa científico «Vida 2000». Después, ese programa derivó en una versión televisiva, en el canal RTC, de gran éxito y popularidad en Iquique.

    Sus obras fueron:

    La dicha de ser un don nadie, crónicas (Pluma y Pincel, 1995). Tarzán chileno perdido en Ámsterdam (Pluma y Pincel, 1995). Cuando las habaneras no tenían calzones, cuentos (Pluma y Pincel, 1995). El gato, ese ser desprestigiado, cuentos (Pluma y Pincel, 1995). El cuento del viejo piojento, cuentos (Fondart 1995). El funeral de la felicidad, cuentos (Planeta Chilena, 1997). La mujer del cura Soto, novela de un amor ejemplar (Cuarto Propio, 2002). La puerta chica más grande del mundo (Tinku, 2003). El gallo que hizo dormir al día (Campvs, 2004). Macarena Pocaspecas, novela breve infantil, inédita. Que lata lo de la mulata, poemario inédito. La ladilla de la modernidad, crónicas inéditas como libro. La corbata que mataba a la muerte, cuentos inéditos. El ruso que perdió la maleta, novela inédita.

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  • Queda

    julio 4th, 2010

    I

    Te ruego y la boca me sabe plúmbea como un reguero de sangre ocre, seca,
    latiendo gota a gota como el adormecido resuello del sacrificado en la invocación de la muerte:
    derramarse en la degradación de la sublimidad,
    mirando el reflejo de tus ojos oscuros en un espejo fragmentado por nuestra sedosa desnudez,
    perderse en la furia de la posesión recíproca,
    evidencia que actúa como el prodigio incesante que es la fiebre de amarse.

    II

    Resulta que me quedó el alma lánguida después de amarte tanto, acabando dolorida
    y enjugada al descubrir que nuestros fluidos no se resecan con la dureza de una despedida,
    ni que los poros dejan de respirar la sal de tu sudor mientras desapareces en el ensalmo del tiempo,
    la breve travesía de navegar por tus adentros con la nervadura incendiando todo rastro de vergüenza.

    III

    Que me queda de esta desventura de entregarse con los ojos ciegos, vendados, y el corazón derrapado,
    de lanzarse atado al precipicio de tu abrazo cautivante,
    sin saber si existirá la posibilidad de redimirnos mañana con un beso al despertar,
    la alternativa de no apuñalar los sueños que una forzosa tríada del destino
    hace desfallecer más por tradición que por cobardía, la tribulación de todas las culpas.

    IV

    Queda de esta noche un lazo rojo, una fotografía borrosa,
    una constelación de recuerdos, el roce latente de tu beso en mi piel
    y en mi memoria, taladrándome los sentimientos, el aroma de tu cuerpo evaporándose bendito en la alcoba,
    mientras mi apetencia solo termina por abrazar la inconmensurable soledad
    que descubro en la miríada de tu ausencia,
    en la desgracia de no poder dilatar aún más, antes de tu huída, lo que queda de esta conversación.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010 / Libro E

    Photograph: “Metiendo la pata” – Original by Lorena Cejudo (Riviera Maya, México). Artwork used with permission.

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  • Desde arriba

    junio 26th, 2010

    ¿Dime qué sucede cuando miras la realidad del mundo, desde arriba?

    1. Me pierdo el sabor que dejan tus besos en el fragor de nuestros labios, rozándose aquí en los fecundos laberintos del amor desmedido que siembra la tierra.
    2. Dejo de ver el brillo de los ojos de mi hijo cuando me relata, insuflando todo el aire de los vientos, sus disparatadas desventuras en el colegio o en el parque de juegos, en la playa o en el universo paralelo que es su habitación.
    3. No percibo el compromiso de la gente que trabaja conmigo, codo a codo, cejo a entrecejo, para desarrollar esta región, nuestro mundo, el hogar.
    4. Dejo de ver las oportunidades de aprehender en el aprendizaje de las lecciones escondidas de mis estudiantes. Seguro.
    5. No miro la belleza del espíritu de la persona que ausculto, no descubro en ella su historia ni su sensibilidad, su devenir o sus pasos, lo que la hace sentir o madrugar, ser o estar.
    6. Me repliego por sobre mi hombro, en la pesada iluminación de la razón para no verlos a todos en la igualdad, la fraternidad, la solidaridad.
    7. No observo la vida natural que se esconde fantasmagórica, entre los recovecos de la gravilla de las calles, en las piedras de las torres, en la maraña de las ciudades.
    8. Me preocupo de ponderar las aristas de tu disfraz, pero no de disfrutar el goce enmascarado que me dieron tus palabras sensibles en este juego.
    9. No dejo respirar, hacer, vivir, equivocarse, crecer a quiénes controlo desde los delgados hilos que cuelgan en las alturas de una estúpida y distante decrepitud.
    10. No miro la acción valiente de tus ojos, cuando decidida, me dices te quiero: yo no soy nada sin ti. Aquí, ahora.
    11. ¿A usted?
    12. —

      Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2010
      Fotografía: “Desde arriba”, original de Lorena Cejudo (Riviera Maya, México).
      Obra usada con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.

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  • Numen

    junio 15th, 2010

    Tengo una deuda de vida contigo,
    mi musa.

    La contraje en la breve porción
    del tiempo que te da el aplomo,
    la conciencia, el descubrimiento,
    la certeza de haber comprendido
    la naturaleza subyacente de todas las palabras,
    las miradas encontradas dentro del impreciso
    conjunto de los signos convenidos
    para escribir una historia,
    el mensaje cifrado del amor que se oculta ingenuo
    en la inocencia de un roce inadvertido
    para la diletante maquinaria del azar y la complejidad.

    No puedo borrar la plúmbea decisión de amarte,
    mi musa.

    Entonces te invito a dejar la noche para las estrellas,
    para sus constelaciones,
    a abandonar el mundo de los sueños,
    de las sombras, de los escondites, del susurro,
    quiero vivir en la libertad del día,
    sentir el aire fresco de las calles y el gentío,
    deambular en la avalancha sincera
    de las miradas profundas,
    de las manos abrazadas,
    del destino sin encrucijadas,
    la verdad de amar sin doblegarse
    a la derrota que significa perderte.

    —

    Musa (Del lat. musa, y este del gr. μοῦσα). Fuente: RAE (2010)
    1. f. Cada una de las deidades que, según la fábula, habitaban, presididas por Apolo, en el Parnaso o en el Helicón y protegían las ciencias y las artes liberales, especialmente la poesía. Su número era vario en la mitología, pero más ordinariamente se creyó que eran nueve.
    2. f. numen (‖ inspiración del artista).
    3. f. Ingenio poético propio y peculiar de cada poeta. La musa de Píndaro, de Virgilio, de Fray Luis de León.
    4. f. poesía. La musa latina. La musa española.
    5. f. pl. Ciencias y artes liberales, especialmente humanidades o poesía.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010

    Photograph: “Muse” – Original by Marijana Lucic (Kikinda, Serbia). Artwork used with permission.

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  • Mis palabras

    junio 13th, 2010

    La volatilidad de mis palabras,
    encerradas perpetuas en el paredón de mi boca,
    coquetean agujereando el punto de inflamabilidad que intentas esconder de mi mirada enrojecida,
    y te sonrojas jugando con mis labios perfectos,
    buscando una bocanada de mi propio aire para impulsar el tuyo,
    y te sientes seducida por la gravitación de mi voz, por el lenguaje directo de mi amor que te atrapa,
    que te absorbe en una delicada adherencia, profunda, comprometida,
    sintiéndote completamente entregada en el amparo de mi abrazo.

    Haz de creer que mis palabras nacieron conmigo aquella noche de invierno en la costa brava de mi tierra,
    pero no, solo espumaron el llanto de lo que sería una cosecha de soledad acampando en mi melancolía.
    Las palabras que hoy hablo por ti no pertenecen al persistente disfraz que he acostumbrado a vestir,
    y sí, he cambiado, no soy el mismo de ayer,
    al extremo de convertirme en el personaje heroico presto a abrazarte en la apariencia que tú elijas,
    en el momento que más cerca de anidar en tu existencia se encuentre la tristeza.

    Mis palabras ya no son lo que leo ni serán lo que escribo,
    mis palabras no serán una verdad valente
    si no enfrentan la realidad de tu nombre fuera de este claustro.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010

    Photograph: “Despacho de mi primo Alberto” – Original by Florez Alonso (León, España). Artwork used with permission.

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  • Esperando

    junio 12th, 2010

    Me quedo esperando el breve y cansado liar
    de una brisa templada en la apetencia de escribir,
    cuando descubro la tenue presunción que pretende justificar
    mi existencia en el bello desorden de estos días.
    Me quedo enredado en el silencio alterado de las horas
    que corren desbocadas alrededor de mi vana vacilación,
    musitándome el sosiego que mi corazón, latiendo encabritado,
    necesita para dormir en vilo en un instante de paz.

    No percibo la brisa, ni ésta mueve la pluma que reposa pausada
    sobre la mano que impele las palabras, libre;
    no hay expresión perversa en la promesa que concibo
    al esculpir tu nombre en las estrellas, cuando anochece,
    ni sobresalto al despertar con la modorra de la soledad
    o la prisión de la vasta envergadura oprimiéndolo todo,
    en la imposible negación de esta realidad que concluyó
    por concomerse en la piel que no devora su relente.

    El recuerdo de tus ojos sigue ardiendo, perenne,
    como un reguero de fuego en el légamo de mi corazón, barrenándolo,
    drenándolo de la opaca veracidad que ausculta
    la preeminencia final de mi visión, la total auscultación de un sueño,
    por sobre la desesperación de tenerte, tocarte en realidad,
    asirte en la depredación de estas noches esperando que tu silueta grácil,
    gentilmente colme las expectativas de otro amanecer en ti,
    desnuda, sin más límites que la sola porosidad del cuerpo.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010

    Fotografía: “Esperando” – Original by Florez Alonso (León, España). Artwork used with permission.

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  • Luz

    junio 8th, 2010

    Una inquebrantable determinación rejuvenecerá mis palabras
    cuando éstas se apareen al vuelo que las impulsa a posarse en tus labios.
    Nada quedará indiferente ante la feble resistencia de tu indómita atracción,
    la silente seda de tu piel no será inmune a la incandescencia del roce de mis besos
    y todo se consumirá en el ocaso del fuego que surca hirsuto la mecánica inmaterial de las palabras.

    Quedarás atrapada en la luz, yo seré tu guía, la descarga, la favila de esta historia.

    Antes de preparar mi equipaje para otro incesante periplo,
    me animo a descubrir en el arte profundo del infortunio,
    lo lábil de la vida, lo precario del amor,
    el rigor marchito del albedrío, la gracia lozana de la oportunidad,
    el despilfarro ingénito de sentir mi propia respiración
    exhalando aquello que se escondía en la cava oculta de mi osamenta.

    Quedaré aferrado en tu luz, serás mi sello, la partícula que nace, mi desenlace.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010
    Original de 2010 en Incursiones. Del amor y otras mecánicas. Segundo Libro.
    Fotografía: “I Abuse” – Reproducción original de Marijana Lucic (Kikinda, Serbia).
    Usado con permiso de la autora.

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