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Catalejo

  • Sálvame

    septiembre 30th, 2010

    Soñé tu voz en un beso
    y tu boca deshizo,
    suave,
    la necia inquina que apuñala,
    que intriga con el sabor
    quedo de tu recuerdo,
    ido.

    Te nombro imposible,
    te llamo ausencia,
    exhausto en la zozobra,
    sumiso en la marea,
    sabiendo que me lloverá
    el deseo descalzo
    hasta despertar en el trinar
    inquieto del amanecer.

    No estarás allí,
    vendrás en mí.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2010

    El imperio de las migajas – 2011

    @cifuenteslucic

    Fotografía: “Boya” – Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Todos los derechos reservados ©.

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  • Amar la distancia

    septiembre 19th, 2010

    A ti.

    Doscientos años
    esperando que tu boca
    me alcance en un beso,
    en una palabra,
    en un ensalmo
    que signifique todo,
    nada menos,
    que trascienda
    la poderosa expresión de amar
    que inofensiva duerme en la mía
    y que significará decir adiós
    en el instante culmen del silencio.

    Si susurran tus labios
    el dulce desliz de mi nombre
    sobre la distancia que nos nubla,
    con la suficiente evidencia
    para aquel que escucha distraído
    el viento norte,
    me delatará
    la eterna inquietud
    del que espera esa carta
    que no arriba,
    no con el sonrojo
    de hurgar en los buzones
    de la ciudad
    tras las palabras
    que mudas
    van deshojando sus alas.

    Te podría decir
    que hoy se desbocaron,
    en un caudal prometedor,
    todas mis ilusiones,
    una constelación de esperanzas
    que murieron suspendidas
    en la equivocación,
    en el desacierto,
    totalmente varadas
    en la sorpresa
    de enamorase de tu voz
    musitando grave las palabras
    de la mendicidad,
    de la distancia
    que reza que amarse sobre las nubes
    solo le está consentido a los poetas.

    Amas la distancia
    que hace morir
    el efecto de mi voz
    en los caseríos
    de la luna negra,
    en la pértiga que se hunde
    en el abismo del océano
    ya impedida de sobrevivir
    a su impulso,
    y que enmudece
    ante la imposibilidad
    de ser un irresoluto campeador,
    un triste y gracioso soñador,
    el que labra letras desleídas,
    que la tinta más espesa
    no podrá esbozar
    para vencer
    la distancia de amarte.

    Quedo en la duda
    si juego a deberte respuestas,
    acaso las preguntas
    que el antaño confesó
    no susurrar.
    No pierdas
    la huella dibujada
    en las estrellas,
    en ella
    yace un latido diferente.
    El mío.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2010
    El Imperio de la Migajas – 2011

    @CifuentesLucic

    Fotografía: “Adiós” – Original de Adriana Reid (México). Usado con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.

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  • Somos

    septiembre 14th, 2010

    Somos la contradicción,
    la contracción de la dicción,
    la ficción prisionera,
    el azar de la estampida,
    el reflejo de la torsión,
    la visión de la lateralidad,
    el espacio consternado,
    la efímera pasión,
    la verdadera encrucijada,
    el vasto dominio silente de la locura,
    la razón ordenada en un mesa,
    la cal gruesa que cubre la sangre,
    la marea oscura que mece los barcos,
    el rincón que ya no escribe,
    el poeta que no ceja,
    el amigo que lo intenta,
    el caballero oxidado cabalgando destinos
    tristes y olvidados,
    la cruz de ultramar,
    la sazón de la crueldad,
    la negación de la bondad,
    la travesía maya en la verde rivera,
    la tormenta desbocada, la luz centenaria,
    la burbuja del tiempo azteca mirando
    el universo de las matemáticas,
    las ánimas incaicas solitarias
    en los castillos desolados del imperio,
    el desgarro despeñado indómito
    e insolente de la guerra de Arauco,
    el pozo que bombea agua
    como fluyendo del espanto,
    el impacto de la punzada,
    la hora de los vivos,
    el clamor de los que paren,
    el almíbar de los cándidos
    y los perdidos,
    el resplandor de tu boca
    en la profundidad del beso,
    la calma que redunda en la caracola
    rota,
    la risa perenne en la calza
    del que mendiga,
    el ocaso puesto boca arriba
    a la hora de partir,
    la distancia alucinante
    que parece escribirlo todo,
    el efecto de las mariposas
    aleteando los sueños,
    los que hablan por ti
    y debieran honrar la necedad
    de haber sido jóvenes,
    la mirada
    tus ojos,
    el reducto que queda en ti,
    de lo que fui,
    somos.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2010

    @CifuentesLucic

    Photograph: “Cerca” – Original by Lorena Cejudo (Riviera Maya, Mexico). Artwork used with permission.

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  • El color de la lluvia

    septiembre 12th, 2010

    No dejo de verte prohibida en mis sueños.
    No dejo de verte en realidad, así escondida,
    inhibida en el rocío espeso del anochecer atezado en el desierto,
    en el sombrío reflejo que inmaculado deja huella en la intolerable soledad de ti.

    No soy nadie para que sueñes de mi amor:
    siendo la delgada y sutil umbría de un sueño,
    temo más que despiertes esta noche
    y deba desaparecer en el olvido mucho antes que amanezca.

    Abrumando pronto la despedida del amanecer,
    la compañía insolente de este amante que no duerme,
    huyo entre el eclipse silencioso que juega a esconderse
    de la luz que fluye libre y materializada en este adiós.

    Declaro recorrer el ignoto territorio de tu cuerpo
    diluyéndome trocado en un reguero de fuego,
    en un flujo salado que surge sacro desde mis entrañas,
    indolente si se trata de sobrevivir esta deriva sin ti.

    Si supieras de mis ojos, si suspirases de mi amor,
    no tardarías una vida en resolver el breve enigma de mis palabras,
    en verme fuera de esta trama de mentiras y verdades,
    que sostiene mi nueva mirada del mundo y las estrellas.

    ¿Te dije que eres el tierno enredo de mi madeja,
    la que no cesa de tejerse puntada a puntada
    en los hilos gruesos e invisibles de mi vida?
    ¿Te dije que eres el color de la lluvia que sangra en mi interior?

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2010
    El Color de la Lluvia – 2011 [Borrador]

    Photograph: “One” – Original by Marijana Lucic (Kikinda, Serbia). Artwork used with permission.

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  • 11 de septiembre

    septiembre 11th, 2010

    9:10 A.M.

    «…Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación… Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

    Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

    El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

    Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

    ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

    Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición…»

    Fuente: Museo de la Memoria - Chile

    Tengo certeza de todos mis recuerdos de ese día –a la sazón tenía 7 años–, como si el tiempo, mezquino en otras ocasiones, se hubiese quedado pegado en algunos detalles, cuyos instantes brillan inalterables en mi memoria. Por ejemplo, recuerdo el rostro consternado de mi madre escuchando, pálida, las noticias, comunicados y silencios que se tropezaban en la radio esa mañana. A mi padre regresando desde el trabajo, casi una hora después de haberse ido: la situación era muy grave y, en el centro de la ciudad de Arica (norte de Chile), todo estaba ya cerrado bajo un férreo control militar.

    Cerca del mediodía, una patrulla de soldados, con un tanque, tomó posición cerca de la casa, hacia la esquina de unos estanques de agua. Hacía calor a esa hora, el cielo estaba abochornado y algunas vecinas salieron a saludarlos, mientras les llevaban agua en jarras y vasos. En algunas casas cercanas, se escuchaban aplausos y la cadencia severa del himno nacional a gran volumen en algunas bocinas. Los vecinos del lado comentaron en voz baja que el Presidente Allende había muerto en Santiago. La mayoría de la gente optó por volverse a sus casas.

    Cerca de las dos de la tarde, encendí el televisor de tubos –primero se escuchaba el sonido, después venía la imagen–: todo estaba inundado de marchas militares, discursos furiosos y bandos asesinos. A las seis quitaron “Violeta” de la programación infantil de la tarde. A las nueve, desapareció “Tevito” de las pantallas de televisión nacional y las noticias mostraron imágenes de La Moneda en llamas, con una bandera chilena flameando al tope del pabellón, quemándose ígnea como epitafio de un combate desigual.

    Nadie se imaginaba realmente los efectos de ese día gris y amargo de septiembre en los siguientes 17 años de nuestra historia. Y, a pesar de que han pasado 40 años, la memoria viva de los ejecutados y detenidos-desaparecidos de la dictadura sigue presente en las entrañas del país, inquieta y persistente (junto con la memoria sobreviviente de los torturados, los exiliados, los condenados a la pobreza social de un capitalismo salvaje que se desató sin contrapeso). Quizás a muchos en Chile, esta situación, les moleste o les sea indiferente, pero mientras no haya verdad y justicia definitiva para ellos, no puede haber perdón y ni reconciliación.

    El peor pecado como sociedad -en el pos-bicentenario de la independencia como estado soberano-, es no tener conciencia de la dolorosa memoria histórica de Chile y desentendernos de sus efectos aún presentes en esta encrucijada que no nos deja crecer como nación.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2009/2013 Revisitado

    En comillas: último discurso de Salvador Allende Gossens, Presidente de Chile (1970-1973)

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  • Recuerdos de un trece de agosto (via Chicho Valentino)

    septiembre 2nd, 2010

    Lo que pudo ser un día común, se tornó en extraordinario.

    Recuerdos de un trece de agosto Aquel hombre siempre estaba allí. Muchos días a tempranas horas entraba en la calle. Su espera era su trabajo su trabajo su espera. Y la vida la pasaba viva viendo pasar la calle. De poco en poco en cada minuto de bronce en el cazo recogía el fruto de su trabajo. De su espera con cada minuto de madera. Calmado, experto en paciencia, humilde en la permanencia trabajaba aquel hombre en el otro lado. Limosna para un hombre con una pierna de madera [ … Read More

    via Chicho Valentino

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  • Hoy (via Nada En Especial)

    septiembre 1st, 2010

    El amor, la vida, el sexo en una perspectiva hermosa y sensitiva. Leer Nada En Especial es una experiencia que define la naturaleza de lo que somos en la singularidad.

    Hoy justifica mi ausencia mi inmadurez mi deseo justifica mi silencio mi logro mi llama justifica mi pureza mi cama no tenerme … Read More

    via Nada En Especial

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  • La pecadora de Veracruz (via Catalejo)

    agosto 31st, 2010

    Una deuda saldada sin esperar el resultado.

    La pecadora de Veracruz Conocí una mujer que la vida terminó por etiquetar como la pecadora de Veracruz. Su historia sucedió, por así decirlo, hace muchos años atrás. Veinte exactamente. Tuve la suerte de verla hace unos días, a cierta distancia, esta vez en la ciudad de Barcelona, una mañana cualquiera en que la intuición me llevó a transitar arbitrariamente por las calles peatonales de los cafés y los bares, lejos de la universidad. Me llamó la atención su rostro páli … Read More

    via Catalejo

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  • Raudales

    agosto 14th, 2010

    Primero

    Vivo entre dos fantasmas aherrojados en la entonación de mis palabras,
    enamorados del frenesí de la soledad que evoca el deseo de alguien quien no soy,
    abrazados en la inercia de este espejismo que simboliza el prodigio de amar sin amor,
    abrasados por la cruda tristeza impregnada en el párrafo hondo de una verdad que miro a hurtadillas,
    escondido, al asecho como una garra de una voracidad ineludible,
    inalterable, que no me atrevo a desastillar para seguir viviendo.

    Segundo

    Sin metáforas equívocas, tú que puedes leer el subtexto de mis palabras,
    no te sorprendas de encontrar mi propia piel ensortijándose en cada molécula de tu cuerpo,
    a raudales quemando los rincones que el desafecto convirtió en un campo de hielo,
    dejando un mensaje secreto que sólo los amantes pueden leer:
    si necesitas comer mi carne, beber el trago negro de mi sangre, toma todo de este cáliz,
    pero no niegues que por las noches sonrojo tus labios, liberándolos,
    en aquellos rincones desnudos y destemplados en que el arrojo de la seducción
    puede más que el simple temor a la sinceridad de la muerte.

    Tercero

    Soy feliz de amarte, y el primero en ofrendar tu partida
    como acto de libertad.
    Me declaro afortunado de mi existencia.
    Soy un hombre privilegiado de vivir respirando por sobre la antigua tragedia que,
    toda sublime,
    supera el quiebre distintivo de nuestras alas
    pereciendo en la metamorfosis del sueño.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2010

    Photograph: “Dulce de algodón” – Original by Lorena Cejudo (Riviera Maya, México). Artwork used with permission.

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  • Deambular

    agosto 4th, 2010

    Deambulo como un fantasma trágico ataviado de costras salitreras
    en el silencio desértico,
    impedido de escuchar tu voz
    y mi propio corazón entre tanto mutismo.
    Desapareceré finalmente diluido en la falta de promesas,
    en la cruda expectativa que va dejando un mañana sin ti,
    destrozados los ojos al no soportar la férrea carga de hierro
    que de hollín va llenando mis retinas cansadas,
    desdoblado en una quimera que quiebra silente la soledad,
    mi desolación, la desazón, el quiebre de todo,
    destrozándolo al amparo de una perdición que tenue
    va brotando de las palabras que difuminan a raudales,
    el salto ciego de un atrevido trapecista,
    torpe en el acto, valiente en el contenido.

    Tengo la tristeza impregnada en lo hondo de una verdad
    dispersa que miro a hurtadillas
    y que no me atrevo a desastillar para seguir viviendo mañana,
    para vencerme en ella,
    para poder hacerlo sin más miramientos que la propia dignidad
    de ser lo que ya he sido.
    Dime qué dirías si fuese tu nombre aquel
    que finalmente desnudaran mis palabras,
    las que febrilmente te envolvieran en espuma y deseo,
    en sueño y realidades,
    en un áspero camino de arena y sal,
    de cerrada bruma y recio rocío,
    tallado a jirones dentro del destino atrapado en mi deambular.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2010

    Cuaderno de Fotografías

    Fotografía: “Pórticos” – Original cámara propia (Iquique, Región de Tarapacá, Chile).

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