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Catalejo

  • NECRONOMICÓN

    mayo 13th, 2010

    1

    Siente de mí esa cesárea animal
    que riega tu desconsolado puerto;
    erige de mí el férreo argumento
    que estalla en tu subsuelo herido.

    Golpea para mí la furia descontrolada,
    las voces maquinadas en lo casual;
    despliega tu culpable habilidad
    en la constante acusación de tu rabia.

    Estás desatada dentro de esa esfera plausible
    que encierra tu todopoderosa costumbre
    de tijeretear mi carne con esa estocada vivencia que vives expiando:
    acechando en la sabrosa pincelada de sangre
    que corre envenenada ciñendo el espacio
    para aplastarme el vigor con un florete dormido.

    2

    Sin duda eres el camino hecho
    en la empuñadura de las huellas.
    Sin conjeturas eres la savia
    que inunda de presagios los versos del árbol.
    Sin dubitación eres la costra
    que incendia las heridas abiertas que oxigena el aire.
    Sin titubeos eres el arroyo
    que inunda con sus fauces el curso del pensamiento.
    Sin vacilación eres el soporte
    de los brazos colgados de un trapecio roto, trascendental.
    Sin escepticismos eres la corte
    que dictamina esta sentencia tumefacta, la final.

    3

    Sin sospecha eres el necronomicón
    que me busca de por vida, atándome.
    Sin recelos me encontrarás con los ojos muertos
    antes de besarme en la frente:
    con seguridad dejaré que tu figura me hunda
    en un suelo más seco del que estoy arando.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010 / Original de 1983 – Libro M

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  • De ti y de mí

    mayo 13th, 2010

    Creo en la existencia de dos mundos
    invisibles
    en el que, mudos, se cristalizan los hechos:
    la realidad de la imaginación
    y la imaginación de la realidad.
    En uno estás tú y yo no.
    En el otro, los dos.
    _____
    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2010
    Incursiones. Del amor y otras mecánicas. Segundo Libro.
    Original de 1989
    Fotografía: «Flores de Papel» – Obra del autor ©.

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  • Aspectos

    mayo 13th, 2010

    I

    La llave es una cerradura de pasaje impreciso
    depura,
    decanta,
    tamiza los hechos en un filtro inagotable,
    un paraje indiscutible:
    la historia –juego de palabras– es histeria,
    sus cenizas -sin rasgos de juego- sólo violencia y miseria.

    II

    Contacto entre manos distintas
    acercamiento de manos distantes,
    ilusión de palabras extintas
    realidad de palabras despiertas,
    máscara de sueños olvidados
    Careta de sueños postergados,
    comunión de lazos esparcidos
    arma mesiánica de creencias,
    aura de mediaciones activas
    locución airada de extraña ciencia,
    imágenes míticas,
    rituales,
    procesales.

    III

    Tesis de engaño
    antítesis de melosa felonía,
    estimulante traición de tu amor por mi gloria
    sangre sin respuestas,
    aborto mal anunciado
    síntesis de aspectos bañados en lágrimas.

    IV

    Donde hay sombras no sobrevive la luz,
    donde no sobrevive la luz prevalece tu oscuridad,
    donde mora la capa de tu oscuridad,
    el ingenio tienta tu tinta sombra:
    busca en ti la luz
    y conoce el propio aspecto escondido de la luz en la oscuridad.

    V

    Naces después de un naufragio,
    cualquier noche en cualquier mar,
    naufragas para nacer
    aunque sea de noche y no sepas del mar,
    naces del naufragio de tu propia noche y mar
    recreando eternamente el aspecto de tu nacimiento
    oscuro y líquido.

    VI

    Cuántas horas más trae este día,
    no puede traer más horas que ayer
    pues ayer, increíblemente, trajo las mismas horas que hoy
    pero hoy te parece más largo ¿no?
    ¿Qué diferencia hoy de ayer en el aspecto de ser el mismo día?

    VII

    No sigas el camino si no sientes tus pasos.
    No sabrás del camino.
    No sabrás del peso del camino,
    aunque nadie lo conoce en realidad.
    ¿Piensas que ya has andado en demasía?
    Jamás conocerás el aspecto final del camino si no despliegas tus pies,
    simple y libre.

    VIII

    Si destruyes tus palabras después de decirlas,
    no tendrás nada que decir algún día.
    Habla sin que te pierda el miedo al error
    equivócate al hablar, pero no destruyas lo que dices:
    cada vez que hablas me construyes
    en el aspecto de decirme de ti.

    IX

    Se cierne en la mente la premisa urgente y desbordante:
    concilia todos los aspectos de la vida,
    una y otra vez para empezar de nuevo una y otra vez,
    repite los éxitos perforados por las ráfagas de la derrota
    y es tan claro el error como la luz.

    X

    Da lo mismo morir hoy que ayer
    pues realmente eres el aspecto de todo:
    no existes pero existirás como ya lo hiciste.

    XI

    Recuerda que otros besos quemaron tu cuello
    y el resultado es igual,
    otro licor menos cándido
    sembró tu cabeza de danzas y serpentinas,
    otro sol te bendijo algún atardecer
    para maldecirte más tarde con el nacimiento de la luna.

    XII

    Hoy para mí eres ya por fin sólo el polvo de la tierra
    y estas palabras que hablan al respecto,
    ingenuo,
    el aspecto vida es perecedero,
    como la muerte es un aspecto eterno.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010 / Original de 1984 – Libro M

    Photograph: “Mi casillero vacío” – Original by Chicho Valentino (Madrid, España). Artwork used with permission.

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  • Ensayos

    mayo 13th, 2010

    1

    Procura un tiempo para tus ojos: la osamenta de tu velamen,
    dichosa envergadura mortal que yace envuelta en el guiño de la hierba mojada.
    Recuerdas el buen nombre de ella y olvidas su voz cuando todos hablan al unísono.

    2

    ¿Me permites compararme con un hombre soñador?
    Es más, me otorgarías, aunque sea de hecho esta apelación:
    un hombre soñador.

    3

    Tu blusa está mojada por mi abrazo que te desnuda presto, sin resistencia,
    mi boca te roza poro a poro siguiendo una línea ecuatorial, cual traslación de mi entrega,
    mientras tu vientre rítmico se mece en la batiente conflagración de mis palabras, de mi polución.

    4

    En el reloj avanzan las puntadas invisibles de una danza de cangrejitos haciendo cesáreas en tu parto de mí.
    No hay voz queda o silencio altanero ni presiones consensuales en el hastío:
    la gracia entorcha mi mirada y mis ojos suspenden la posesión del claustro, vacuo.

    5

    No precisas dirigir las veloces canciones de tu cuerpo para sepultarme en la marea de tu esputo.
    Puedes blandirme hasta pulverizarme: es una invitación a rendirme a los sueños que aún no imagino de ti,
    quiero verte detenida como la luz que tropieza en el universo, lenta en el vacío, eterna en el porvenir.

    6

    No concluye el otoño en los parques sin la huella solemne de las hojas marcando su sombra en los árboles,
    ni termina el discurso exorbitante sin el grito feroz de la horca meciendo la cadencia de un destino:
    tu buen nombre significa la cohesión de la existencia en el firmamento de las grandes heridas laceradas.

    7

    Alcanzas tu jornada en la paz descorazonada de un espejismo, donde no hay acertijos que resolver,
    claramente, de un hombre soñador a una mujer difuminada por el deseo escondido en las fauces de la duda,
    no hay erosión en los labios tristes que besas, sólo el sabor de la concesión mientras se consume el ensayo.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010 / Original de 1985 – Libro M

    Photograph: «Rdja» – Original by Marijana Lucic (Kikinda, Serbia). Artwork used with permission.

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  • Simples emociones

    mayo 12th, 2010

    (Extracto de una misiva a una esposa por llegar)

    Frente a frente,
    el semblante de sí misma pálido, quebrado,
    delgado, transparente, fantasmal,
    resumido como una hoja de papel ajado profanado por la tinta.

    Semblante triste,
    hora profunda,
    virtud perdida,
    petrificado en los latidos pausados de las manecillas sin reloj,
    revive mustia,
    profusa y callada,
    caminando en extenso las horas cuajadas de materia ennegrecida,
    embrionaria, punzante,
    dispuesta, entregada,
    reptando desde el origen de su sentido a la luz que cosecha ciegamente,
    recoge, siembra
    se esconde, se levanta,
    extendiendo los pasos presenciados por doquier,
    invisibilizados y dormidos.

    Su rostro interior, de cal,
    se desintegra en la totalidad del olvido,
    sobrecogiéndose de lágrimas que ruedan desbocadas como andanzas tristes,
    avizorando en el horizonte el aroma del amor lastimado, sus cicatrices,
    en cada página de un libro el polvo parece multiplicar las ausencias,
    mientras el eco golpetea las murallas de su corazón cercado, oculto,
    disipando las horas en una voraz prosecución de los asuntos olvidados,
    el caudal sin fin, el dolor infinito.

    Se emociona leyendo a pedazos esta misiva por llegar:
    viendo su reflejo partido en la silueta de un agrietado espejo,
    mirando una guitarra de greda dormida en el sueño de un rincón,
    recreando un año adormilado por las esquirlas profundas de la tristeza,
    escuchando el aullido pedregoso de la noche alucinante que galopa en las estrellas,
    recordando la lluvia clavarse en la ventana que mira a ultramar desde el oeste,
    palpando en sus labios el rumor de futuros besos de hombres que no la amarán,
    contemplándose vestida con las fustas de los años de mujer que se anidan en sus sienes,
    olvidando la presencia del perfume marino que retoca de placer los viejos sentires,
    confundiéndose con mis ojos que vienen a tomarla desde lejos en la alucinación del tiempo,
    preguntándome si la esperaré mientras la noche avisa lenta que no escribo rimas exactas
    entre las líneas de los verbos impacientes que saturan estos versos impacientes,
    que dominan en sus manos los trazos inciertos del presente y del futuro,
    la historia que no llega, la verdad que no existe.

    Sus rostro enjugado de lágrimas conquista sutilmente el manto concedido por la siembra
    muerta que yace enjuta en la propia sombra que nace de ella,
    crispado alumbramiento, iluminación de simplezas y de emancipación.
    Mece frente a su mirada,
    la libertad que nada en su vientre,
    los presagios incipientes de nombres de madera, sal,
    hombre o mujer,
    destino, fragua, desdén.
    Ya es tarde para regresar por el sendero del desamor,
    de los amores olvidades, de los amores venideros,
    ya es tarde para albergar la fuerza insistente que deberá brotar de un golpe,
    para doblegar la decisión de doblegar el timón,
    de adulterar lo escrito,
    de someter mi decir.

    ____
    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2010
    Incursiones. Del amor y otras mecánicas. Segundo Libro.
    Original de 1992
    Fotografía: «Atardecer» – Obra del autor ©.

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  • Rosa de la muerte

    mayo 12th, 2010

    [Una letra para rock]

    Si supieras lo que siento,
    si sintieras lo que siento.

    Resplandor negro:
    una hoja sobre el viento
    tus púas secretas me castran el aliento,
    tu vulva poderosa me envuelve el universo.

    Resplandor negro:
    un recuerdo suplicante
    en mis labios aún vivos.

    Gritas te quiero
    y me dejas solo,
    vulnerable,
    desangrándome en el vacío:
    no me dejes ahora
    en la hora de la muerte.

    Solo en el resplandor negro del cielo:
    sin ti,
    vacío negro de tus ojos,
    negro:
    mi corazón florece en rojo.

    Gritas te quiero
    y me dejas solo,
    vulnerable, vaporizado
    desangrándome en el vacío.

    ¿Soy lo que parezco?
    O una espina clavada en el hielo de tu vida.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010 / Original de 1996 – Libro M

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  • Ven como eres: monólogo de una generación

    mayo 12th, 2010

    Suicidio en honor y música a Kurt Cobain

    Todo terminó por parecerte
    -bajo la angustia profunda de tu estómago ulcerado-
    la ulterior jornada del último acto de un mal sueño.

    El impacto de la pólvora aún se mezcla
    con el templado letargo de tu silencio,
    y no queda otra explicación en tu mensaje,
    cargado de impaciencia, destrozado de esperanzas,
    que el negro vacío adornando un desquiciado velo.

    La misma cara ya no sonríe,
    la misma voz ya no grita,
    esa mano izquierda ya no escribe,
    como si el lastre que te ataba a tierra
    se hubiese liberado con un seco disparo,
    que hizo recorrer tu sangre por el mundo.

    Leo tus palabras telegráficas manchadas
    sobre las hojas ardiendo de un cuaderno sucio,
    hojas escritas con la desazón inaguantable
    de toda una generación que se quedó varada aquí:
    muda y ciega después del sonido del trueno
    que demolió tu descuidado y anciano cuerpo.

    Palidece la esperanza que nos espera
    al despuntar el sabor del día,
    das cuenta de tus bienes y de tus actos,
    secos de tanto paladear espejismos.
    No está en la música como cuando despertó la década
    y te arropabas en el hierro del grunge:
    antes de escaparte la sangre por la cabeza,
    se desangró Croacia, Etiopía, en un día Ruanda,
    Chechenia, Chiapas, Ecuador:
    mañana será muy tarde.

    Y los que quedamos esparcidos, al día siguiente,
    estupefactos en la opacidad de tu muerte,
    fantaseamos despacio deseando despertar con la magia oculta
    de tu voz áspera en nuestras radios,
    diciéndonos que es posible
    tomarse el mundo ahora
    y amar como yo te amo.

    Antes de dejarse expoliar por la somnolencia del olvido
    -limpiar la habitación donde reposa tu frío cuerpo
    y ver tu espíritu que revolotea espléndido,
    vociferando alto como un loco verso-
    queremos ver las calles por primera vez,
    verlas sin tu nombre,
    con el corazón desbocado por el infortunio,
    verlas sin la tristeza de la estúpida búsqueda de la felicidad,
    el alma perdida,
    echándolo todo a perder como el viejo y maldito Morrison.

    Cargándolo todo a cuestas sin el sosiego del amor,
    sin la paz de la duda, ruega por nosotros ahora
    que es nuestro turno de enfrentar la última bocanada de la vida.

    Vamos, hombre:
    déjanos cantar tu himno bajo el delicado cabello de la luna
    despierta de este juego,
    fue entretenida la broma:
    una vez en la vida es bastante,
    estamos esperando que ilustres la portada de un cuento de hadas,
    el tuyo, el de ella, el mío, el nuestro, el de todos.

    Ya nos dieron aviso que sobre el registro del forense que cerró tus ojos
    anotaron uno a uno tus versos y dolores,
    el orden no importa:
    uno a uno frente a ti,
    y tú,
    desparramado sobre la mesa te veías relajado,
    sin síntomas de enojo
    aunque todo el mundo ya sabe la verdad sobre todas las disculpas,
    la final, la despedida:
    la misma cara ya no sonríe,
    la misma voz ya no grita,
    esa mano ya no escribe.

    And I swear that I don’t have a gun
    No, I don’t have a gun
    .

    —

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010 / Catalejo original de 1995
    Kurt Cobain art oil by Leonida Fremov
    Artwork used without permission.

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  • TETRAGRAMMATON

    mayo 11th, 2010

    I

    Oblígame al silencio.
    Hablaré,
    confeccionando mi sombra en remolinos, saturados los recuerdos.
    Callaré,
    olvidando todos los pasos recorridos hacia de ti:
    Oblígame.
    En silencio.

    Descansa sobre el sosiego, descalzo
    murmurando, enmudeciendo, esperando.

    Despuntan los días alargados conversando sobre tu vida y mi hiel
    con el reflejo del faro en la botella,
    el velamen del barco en la botella,
    el desmayo del mar en la botella,
    con el estupor de ella en la botella.

    II

    El vicio del humo fracciona todo lo conversando sobre mi vida y tu hiel:
    lo dibujado en la cornisa de mis párpados dormidos sobre la redoma apiñada,
    los continuos reflejos cotidianos del semen y la sangre,
    vertidos sobre tu vida y mi hiel:
    conversación apurada en cada desayuno,
    ayunando en lo temprano de la noche,
    apoyando los hombros sobre mi vida y tu hiel
    y en el diálogo repetido y vano
    de nuestra biografía en la botella.

    Habla del silencio destellando mis párpados,
    triza en añicos azules la vasta galería de botellas,
    internate en las enredadas razones relacionadas
    con faros, barcos, mares y mujeres,
    derramadas sobre mesas tristemente desmanteladas:
    tu vida por sobre mi amargura,
    la conversación obligada al silencio.
    ¿Me obligas?
    ¿Callo, hablo?
    O espero remeciendo mis sienes presionadas
    a repetir el intenso monólogo que llega desde fuera.

    III

    Abre tu ventana, enciende la red,
    desgarra la bisagra de tu conexión neural
    y repite la palabra de cuatro letras
    T E T R A G R A M M A T O N
    resumiendo el sueño en las letras heridas
    por la punta del hielo, del fuego,
    heridas laceradas por las ácidas ráfagas internas del ruego,
    desbocadas, alejadas, denegadas
    de tu clave que perdí en el cielo.

    Camina abriendo tus pasos sobre el rumor de las hojas marchitas por la lluvia,
    y en cada tranco contrapesa el peso de tu vientre abierto
    mientras se vacía la atmósfera interior:
    icono absurdo, nave marsupial, guarida primigenia,
    silencio abusado por tu lengua eterna
    en su despliegue básico buscándome las piernas,
    tenso:
    pausa eficaz para arrancarle los dientes
    al violento tormento de ti
    lo que guardas protegido dentro de una botella,
    toda manchada de mi vida y de tu hiel.

    IV

    En el borde:
    pensarás en espasmos,
    olerás la saliva que suavizó mis besos anclados a tu abrigo interno;
    olerás lo tibio friéndose en la mañana para maldecirte cuando llegue el momento de preguntar:
    ¿Dónde fuiste, dónde estabas?
    ¿Has parido hoy en la calle?
    ¿Qué le hiciste a tus manos?
    Por qué callas y me obligas a callar,
    si sólo quiero hablar de tu vida y mi hiel
    contenidos en el extremo derrame de la botella.

    Rompe la maldita zona de tres segundos para que hables sin silenciarme,
    búscame en el viejo repertorio de tu hombro sobre mí
    y mira mis ojos asesinando tus brotes de carne viva:
    deseo florecerte para extirpar de ti la inmanente falta de gozo,
    la flor que se seca en plena virtud.

    Mi sueño en sí, no es sueño ni mi somnolencia es insana
    -la botella sumergida en la vidriera se atiborra de tierra-
    ni lo es tu pliegue alado escapando de mi conversación:
    tu nombre es, en sí, el tetragrammaton existente
    aquel que yace mortuorio en tanto ritual conflictivo,
    es el frío cuchillo del sacrificio esquilmado en la piedra,
    es el ángel de fuego que amenaza las ciudades y sus torres,
    es el espacio virtual que nos une en despoblado, como una red:
    separados, yo muero.
    ¿Se te ocurre otra forma?

    V

    Callado en el áspero silencio,
    siento que deshaces los nudos que entorpecen el lenguaje de la vida:
    destroza la botella de la suicida conversación y romperás los cristales de esta historia
    erigiendo ante ti un muro aplastante,
    la causa
    su contradicción,
    lo trágico
    tu imagen atrapada en cuatro letras
    el nombre propio de dios,
    mi propio dios de mansedumbre y muerte que reina en la botella.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010 / Original de 1987 – Libro M

    Photograph: “Tetragrammaton” – Original by Marijana Lucic (Kikinda, Serbia). Artwork used with permission.

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  • No puedes abrir los ojos

    mayo 8th, 2010

    No puedes abrir los ojos
    y la realidad de la existencia
    nos recuerda abruptamente
    la mortalidad de la carne,
    ese rocío vacuo de una tristeza inmensa
    que todo lo impregna,
    que todo lo empaña
    y lo envuelve en el sudario de quien menos lo espera,
    y que con los ojos cerrados,
    ve partir sus sueños,
    sus ilusiones,
    su sonrisa secreta,
    en un instante gris de sorpresa,
    colmado de la niebla amarilla y amarga de la muerte.

    No puedes abrir los ojos
    y la fragilidad de la vida se hace triste manifiesto
    cuando expiras el último jirón de la presencia
    y de súbito se evapora la mirada,
    se marchita la risa,
    se seca el rostro,
    se enfrían las manos,
    se endurecen los pasos,
    se muere la hermosura,
    se triza la esperanza en una compuerta de cal,
    se endurecen las lágrimas en una costra de sal.

    No puedes abrir los ojos
    y la vida queda muda ante la muerte
    entre amores, recuerdos,
    nostalgias y sollozos,
    pendida en cada gesto,
    en cada recuerdo,
    en cada encrucijada de los caminos,
    en cada vértebra de los árboles,
    en cada canción del viento salvaje,
    en cada onda sinuosa de las mareas,
    en las pecas oscuras de la luna,
    en la habitación llena de estrellas del universo,
    suspendida en ti,
    perdida en el ayer,
    prendida para siempre,
    ausente como tu mirada.

    A mi abuelo Nicolás.

    A mi amigo Paul Mozó.

    A mi amigo Marcos Peña Jones.

    A mi compañero Ronald Wood.

    A mi amigo Luis Ravanales.

    A mi amigo Arturo Santos.

    A mi hermosa y querida tía Lala.

    A mi querido tío Davor.

    A mi inolvidable y amada abuela Ángela.

    A mi querido y entrañable abuelo Manuel.

    A mi querida y linda tía Dorka.

    A mi querido tío Rubén.

    A mi querida tía Leyla.

    A mi querida amiga Carolina Cortéz.

    A mi querido amigo Guillermo Molina.

    A Freddy Peña Collao.

    A mi querido y recordado suegro Hernán, padre de Mónica.

    A José, hermano de mi querido amigo Eduardo Gómez-Allende.

    A Antonio, hermano de mi querida amiga Santa Guzmán Terrones.

    Todos mis muertos.

    —
    Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2010

    Photograph: “Old Face” – Original by Marijana Lucic (Kikinda, Serbia). Artwork used with permission.

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    mayo 6th, 2010

    Tiempo del ahora, prudencia del aquí, la obra no perece:
    termina el sentimiento, se desmorona la visión.

    La euforia y la melancolía en un instante me sobrecogen, al unísono,
    y me sorprenden incluso de mi mismo, destemplado,
    al punto de desafiar mi propio equilibrio en la pérdida del sentido, escéptico,
    descreído, incrédulo, indiferente, dudoso, receloso,
    insensible a la prematura contemplación del todo,
    la historia casta de ti, la crónica turbia de mi,
    la inquieta perspicacia que somete en un latido mi secreta redención, su voracidad
    al extremo intenso de desdoblarme diletante en aquel espacio oscuro e intimo
    que mi cándida y peligrosa dualidad parece sugerir en palabras tan gruesas como la cal:
    la furia de la carne, la paz de la razón, mi olvido
    la domadura de mi alma, la rebeldía de mi ser, mi destino.

    Entre el día y la noche se mueve la marea que impregna mi mirada impertinente por este mundo y por la vida,
    tensa detracción que hace de mi catalejo un atributo, la contribución creativa,
    la satinada apreciación de una realidad que no es más que el calvario de su contenido:
    las luces de mi imaginación son la propia pobreza de mi mente derrotada por la nostalgia, la murria de ti
    esa pérdida penitente en las profundidades de mi espécimen, engullida por las tinieblas de mi cordura, insana:
    te veo, te leo, te percibo, pero no te magreo, no te poseo, no te tengo ya
    a pesar que cercana así te siento, almibarada en mi memoria,
    enroscada a mi envergadura, adormecida en mis palabras,
    sumida en mis bendiciones.

    Hay en el amor una egoísta necesidad de perpetuarse,
    de someterse a aquella herencia perenne
    de no renunciar a tu belleza cruel, lacerante,
    la oprobiosa pretensión de haber poseído la clave de tu mente y [libre] dejar de amarte.

    Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010 – Libro A

    Photograph: “Oculto” – Original by Chicho Valentino (Madrid, España). Artwork used with permission.

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