En manos del olvido se termina amando sin recuerdos
y se desdibuja cándido el sentido de la vida borrando los trazos inseguros
que el desprecio que sigue al amor,
va cimentando quietamente en ese breve espacio
que es el bosquejo de una existencia deshecha entre el destino y el yerro,
entre el agreste sabor de tus besos y el irrebatible desierto de tu boca.

Te reconozco en la ingenuidad de mis ideas más tiernas,
en mis sueños más audaces -los de un nosotros, por ejemplo-,
en la procacidad incendiaria de mi deseo de ti y de tu cuerpo,
en la egoísta generosidad que es el riesgo de amar sin la reciprocidad de tu mirada,
o de beber en el agreste sabor de tus besos, la insufrible contradicción
que es vivir en el desierto de tu boca.

Quisiera hablar del fuego que nutre la noche de sueños y de espera,
pero no tengo labios para suturar palabras delicadas en ellos,
y presagiar así que las señales del fuego que quedaron grabadas en tu piel,
son sólo una terca excusa que dejan para mi el agreste sabor de tus besos,
como una devota marca que erosiona en ti el desierto de tu boca.

Y todas las sombras callan y sus luces, mueren:
el añejo polvo de las estrellas que fuimos,
ya sucedió mil veces antes de nacer y después de morir,
mientras la vida va fatigando el influjo de seducirme en el agreste sabor de tus besos
o de perdurar en la expiración que se va transformando ahora el desierto de tu boca.

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Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2011
El Color de la Lluvia – 2011

Fotografía: “Mina I” (Detalle).
Original de Marie Pain (Lugar de los Coyotes, Mexico City, Mexico).
Usado con permiso de la autora.
Todos los derechos reservados ©.