¿Se puede hablar de lo que pudo ser,
de lo que quiso nacer, quizás, como un deseo irreverente,
una entereza ciega, la pasión desmedida, despiadada, bella y perversa,
o de lo que simplemente intentó permanecer atado a las circunstancias del tiempo,
así de feble e inestable, así de poroso y alado, fantasmal como una lágrima seca,
maniatado, ajado, rancio e impenetrable como las raíces que amortajan el alma,
agrietado, seco y moribundo por el embrujo de unos ojos crueles, oscuros,
azuzado, herido, revolcado, disipándose, tenue y enmascarado, en la neblina
de la indecisión y de la comodidad,
en la callada y oprobiosa complicidad del aburrimiento y la perversión?

No soy más que mi vanidad creyendo amar en el sentido
eterno de la palabra.
Y aunque tu voz refleje la negación de lo que se es,
de lo que somos en la sensual fricción de esta ficción,
en la propia cobardía de mañana y en el miedo a entregarse hoy,
de convertirse en la brisa negra y penitente que mece las decisiones,
en la dulce conciencia de las amarguras y de los vanos juramentos,
en el sol impoluto que despeja una verdad dentro de la piel de una mentira,
la voz muda que rompe el equilibrio de los besos y de las condiciones,
el vértigo inmune que destruye el viraje de los vientos y la tentación de las mareas,
aquella soledad del alma que dijiste reparar con mi presencia
y que, en la hora final de mi ausencia,
en la complicidad voraz de las sombras,
se transforma con violencia en la broma que sacude esta desgracia
que es apostar al amor y no dejarle espacio al olvido.

Los sueños de mi alma,
no los asesine un corazón cobarde.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2011
Original de El Color de la Lluvia – 2011 [Borrador]

Fotografía: “Death and decay”.
Original de Marijana Lucic (Kikinda, Serbia).
Usado con permiso de la autora.
Todos los derechos reservados ®.