Cierra tus ojos, niña.
Confía en el desliz de este cáliz.

Unge la palabra, el tacto, el divino suero
la espada, la copa sagrada, la purpúrea promesa,
la ligereza de tus pasos, tu belleza,
la provocación de tu pureza.

La cruz enmudecida te mira desde el domo más alto,
la viga sostenida por el ojo en la simétrica estructura de la pirámide,
el espanto indefinible,
el abrazo sicario,
el grito callado por la mano del cayado.

Tú único testigo yace contigo, a un lado:
la boca llena de tierra, la cara agrietada,
las lágrimas saladas, perpetuas,
la tristeza más triste, profanada,
la sed más amarga, seca, virulenta,
la violencia más duramente penetrante, rota,
escaldada, tumefacta, flagelada
la muerte en vida más vergonzosa,
la humedad más áspera,
artero, el puñal más doloroso,
maldito, ebrio, sucio, mortal,
la traición eterna e infame sobre la sonrisa más cándida de la creación.
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¡Contra la pedofilia, una sola palabra, una sola voz!

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2010

Fotografía: “Colores” – Original de Adriana Reid (Ciudad de México, México). Obra utilizada con permiso de la autora ©.