Al final, no puedes evadir la agenda secreta.

Todo tiene un rastro.
Alguien te vio conversando en un concurrido café
o en realidad no eres invisible para miles de ojos en las calles de cualquier ciudad,
menos en la tuya.
Pero hay otras torpezas, menos naturales, más propias de tu identidad:
no puedes evitarlo siquiera, es completamente adrede, en un completo propósito
y te lanzas a publicar un poema críptico, la fotografía de un desliz, un comentario elípticamente directo,
en los que cada molécula en sí habla de tus ojos, de tu singularidad, de tu existencia
como queriendo provocar que alguien descubra entre líneas, sombras o palabras
el secreto de tu nombre,
la verdad de este amor encubierto,
la eclosión de su realidad encarnada en tus entrañas,
la quimérica complejidad que empezó con un simple “me gustas”.

Cuando todo se tuerce, es el universo el que cambia de posición.
Control, para qué, si tienes el caos.

Colaboración de Chicho Valentino y Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010 – Libro E